Lisboa, entre lo nuevo y lo viejo

Lisboa es una constante charleta rodeada de dulces extracalóricos, y un cielo irrompible interrumpido por un fado que ya no quiere ser triste. Una urbe que calienta motores de vanguardia y que se perfila como el destino pendiente al que ya es imposible decir no. Porque está muy cerca, porque es interesante, porque es paraíso de glotones y de nostálgicos, de modernillos y de tranquilotes. Porque aunque su arquitectura no haga grandes aspavientos, es feliz, asequible y tan brillante como el esmalte de los azulejos que jalonan algunas de sus casas. Leer
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