“Éramos como platos desechables para el narco”

«Si un chavo roba o se droga, es su pedo [problema], pero la verdad es que uno no nace delincuente, el delincuente se hace», comenta Luisa, una deportista destacada que cumplió una sentencia de dos meses por robo. A los 16 años, un amigo inculpó a Christian (quien también prefiere mantenerse en el anonimato). Lo encerraron dos años y medio por vender drogas después de una redada de la policía. Ismael Corona era un estudiante ejemplar, cuando cumplió 12 años se convirtió en el miembro más joven de la pandilla de los Sureños Locos, ritual de iniciación incluido: una paliza de 13 segundos. A los 15 dejó la escuela y robaba para irse a beber y ver a las chicas de la variedad. A los 17, una riña salió mal y lo condenaron a casi cuatro años por homicidio.

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