La tregua de un obispo y el narco para frenar los asesinatos de políticos locales en México

El pasado Viernes Santo, el obispo de la diócesis de Chilpancingo (Guerrero), se subió a un helicóptero con destino a la sierra. El padre Salvador Rangel trabaja en una zona donde tuvo que asumir desde hace años que las decisiones se toman desde la montaña, vive convencido de que los de ahí arriba son los únicos que gobiernan la región. Así que se impuso una misión: poner paz en aquel infierno, aunque aquello significara dialogar con hombres armados hasta los dientes, que han sembrado de cadáveres esta entidad rural y pobre del sur de México, cuya principal fuente de ingresos consiste en el cultivo de amapola. Desde septiembre del año pasado, han sido acribillados a balazos al menos 12 aspirantes a alcaldes, según el conteo de la prensa local, y se espera que esta cifra aumente de cara a las elecciones del próximo 1 de julio. Rangel ha pactado con ellos una tregua.

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