El encarcelamiento de Lula asoma a Brasil a un futuro incierto

Durante todo el día, Lula se ha dedicado a esperar. Una espera larga y tensa, el desenlace casi lógico para un proceso de dos años ya de por sí agónicos, en los que el veterano expresidente ha ido esquivando diferentes acusaciones de corrupción hasta que una, un soborno de una constructora en forma de piso, fue ganando peso de un juzgado a otro y desembocó en una orden de prisión en segunda instancia. La idea era mostrar resistencia, restar la autoridad de Sérgio Moro y del proceso contra él. Demostrar que aún no había llegado el día del que se lleva hablando incesantemente los últimos dos años. El día en el que el político más popular de la historia de Brasil se convierte también en el primer expresidente del país en ir a la cárcel.

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