Memorias de un robo en la selva maya (y de tres o cuatro orquídeas extraordinarias)

En 1968, una cuadrilla de saqueadores liderada por un traficante de orquídeas arrancó la fachada de un templo maya en el sur de México y la mandó en avión al Museo Metropolitano de Nueva York. Nueve metros de fachada con sus máscaras de estuco, sus glifos y sus dioses antiguos. La sacaron de la pared con sierras de leñador, la partieron en 48 pedazos, la embalaron y subieron al aeroplano. Todo eso en una pista de aterrizaje construida para la ocasión, abierta a machetazos en mitad de la selva. Nunca antes -ni después- una banda de traficantes de arte precolombino se atrevería a tanto.

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