La leyenda de Wade roba a los Sixers la racha y el factor cancha

Dwyane Wade tiene 36 años y 90 días. Jugó su primer partido de playoffs el 18 de abril de 2004. Ben Simmons tiene 21 años y 271 días y se estrenó en las eliminatorias el pasado sábado. Y acaba de aprender lo que Wade tiene escrito por todo el cuerpo a base de cicatrices… y anillos: tres, el primero con MVP en las Finales hace 12 años, cuando Simmons tenía 9. Doce temporadas después, Wade (seguramente el mejor escolta de la historia si no hubieran existido Michael Jordan y Kobe Bryant) puso en marcha a los Heat en los playofffs 2018: 103-113 en Philadelphia dos días después de la paliza en la segunda parte del primer partido. 1-1 y a Miami. Los Sixers, que quizá tengan más prisa ahora por recuperar a Joel Embiid (que está casi a punto) siguen siendo muy favoritos. Pero no iba a ser fácil. No al menos tan fácil.

Palabra de playoffs. Los Heat no tienen el talento arrebatador de su rival pero son un equipo perfectamente trabajado y absolutamente acorazado y competitivo. Spoelstra es uno de los mejores entrenadores de la NBA y no iba a poner la yugular al servicio de un 2-0 sencillo. Wade acaparará titulares, portadas y highlights, y con razón, pero el triunfo no se explica sin el excelente trabajo defensivo de Winslow y Richardson (que además metió 14 puntos), sin la aportación en formato ring de James Johnson y Olynyk y sin la confianza recuperada por un Dragic que fue (20 puntos, 8/14 en tiros) un jugador distinto al del primer partido. Las faltas personales le quitaron pronto las dudas con Whiteside a Spoelstra. Con quintetos más pequeños su equipo fue mejor, casi siempre es así, gracias a una actividad defensiva extraordinaria que succionó en los espacios en los que se cebó Philadelphia en el primer partido.

El resto de lo que sucedió lo explica Wade, que seguramente ya no está para hacer esto las necesarias noches de playoffs como para que su equipo llegue lejos pero todavía puede hacerlo las suficientes para que los Heat no se fundan sin pelear. En menos de 27 minutos Wade anotó 28 puntos (11/17 en tiros), capturó 7 rebotes y repartió 3 asistencias. Gobernó el partido, excepcional en el primer tiempo para cambia la inercia carnívora del sábado y decisivo con 7 puntos y una asistencias en los últimos cuatro minutos, cuando los Sixers habían convertido el 75-91 del minuto 37 en un 96-98. Encastillado en su propia grandeza (ya es décimo máximo anotador de los playoffs por delante de Larry Bird), Wade llevaba al descanso 21 puntos y había anotado en el segundo cuarto (parcial de 13-34) más que todos los Sixers (13-15). 5/6 en tiros para él, 4/21 para su rival, que no perdía un partido de baloncesto desde el 13 de marzo, contra los Pacers.

Habían sido 17 victorias seguidas para unos Sixers que habían llegado a parecer invencibles, con casi 119 puntos y un 40% de triples de media en esa racha de casi cinco semanas. Les toca aprender lo que son los playoffs: cambiar el chip de una noche a otra, levantarse de luna y ajustar, volver a los conceptos más básicos o cambiarlo todo. Desde el 18/28 en triples del primer partido a un 7/36 que fue 2/18 en la primera parte. Con los Heat mordiendo en la línea de tres, nunca llegó una racha salvadora y los intentos finales de Redick (1/7) enviaron al limbo la remontada que casi consuman unos minutos de defensa al límite, transiciones rápidas de Simmons y Saric y brazos en la zona de Ilyasova, que fue titular como pívot (estirando la segunda parte del sábado) y acabó con 14 puntos y 11 rebotes.

Simmons terminó en 24+9+8 y Saric en 23+9+3. Los Sixers, que vieron como terminaba una racha que al fin y al cabo tenía que terminar, tienen el consuelo de que casi ganan un partido que tenían perdido y en el que casi todo les salió mal. Pero también el aviso de que los Heat provocaron muchos de sus errores y les llevaron a una zona de inseguridad que apenas recordaban. Pero esto son los playoffs, les queda levantarse y demostrar que siguen siendo favoritos en Miami, una pista que Spoelstra siempre llena de emboscadas. No todo iba a ser hype: hay serie.

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