“Soy vecino del muro de la vergüenza”

“¿El muro? Es una reverenda estupidez, una burla que me indigna como mexicano”, dice Tony Valdez a unos pasos de las vallas de lámina que ya existen entre San Diego y Tijuana. Unos metros más adentro, del lado estadounidense, hay otra pared, de concreto. En medio de los dos cercos hay ocho prototipos del muro que ha obsesionado a Donald Trump desde que anunció su candidatura presidencial en junio de 2015. “Soy vecino del muro de la vergüenza”, cuenta Valdez con una sonrisa pícara, pero segundos después las risas se convierten en enojo y la ira, en resignación. La construcción del nuevo muro ya es una realidad desde hace una semana en los límites entre Chihuahua y Nuevo México, y no tardará en llegar a California, donde se colocaron las primeras muestras, según Trump.

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