Risas y palomitas para la tragicomedia mexicana

Antes del inicio del debate los organizadores temían ante todo, el bostezo. El ejemplo de aburrimiento tomó forma el pasado jueves en el debate de los aspirantes a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. “¡Qué horror!”, decía una empleada del INE mientras supervisaba los últimos detalles del escenario en el Palacio de Minería, en el corazón de la capital mexicana. Dos horas después, hacia las diez de la noche, el sentimiento era que los candidatos habían dado espectáculo alejándose del tedio que generaban los formatos de los debates en las presidenciales mexicanas.

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