Un Ginóbili mágico aplaza su ‘adiós’ y fuerza el 5º partido

«Manu, Manu, Manu», jaleaba, en pie, el AT&T Centre de San Antonio. Una escena emocionante en una fecha marcada en rojo para la historia de la NBA en particular y de los amantes del baloncesto en general. Con 40 años (41 el próximo mes de julio), el argentino aún no se ha pronunciado acerca de su futuro. Ojalá no sea está su última temporada en activo, pero por si acaso, (casi) todas las miradas en el cuarto asalto de la serie Warriors-Spurs estaban puestas en él. En el que podría haber sido el último partido de su carrera ante su afición, Ginóbili apareció cuando su equipo más le necesitaba para abrochar la victoria (103-90), forzar el quinto partido y aplazar las vacaciones de los texanos. Lo que se dice un buen domingo.

Triples (el tercero que más ha celebrado en los playoffs) y una bandeja finalizada con su exquisita muñeca izquierda para sacarnos a todos otra sonrisa. 10 de sus 16 puntos (además de 3 rebotes, 5 asistencias y un +18 con él en pista) llegaron en el último cuarto. El decisivo. El de la verdad. El terreno abonado para los más grandes. Y él lo es.

Era un win or go home game para San Antonio, de nuevo dirigido por Ettore Messina ante la ausencia de Gregg Popovich por el fallecimiento de su esposa el miércoles. Se jugaban la vida, lo que se notó desde el primer minuto. Las pérdidas (7 de las 16 totales llegaron en el primer cuarto) mermaban a Golden State, que se sostenía con vida en el encuentro gracias al talento de Kevin Durant (34+13). Los Spurs, mucho más corales, vivían de Rudy Gay, un Aldridge incisivo como desacertado y un Dejounte Murray que castigó los metros que le concedían en defensa. Así se llegó al descanso (56-42). 

Tras la reanudación, la tónica se mantuvo. Durant puso aún más empeño en liquidar la eliminatoria por la vía rápida, pero el acierto exterior de los locales (15/28 en triples) mantenía a los texanos con ventajas relativamente cómodas. Poco después de sentarse Pau Gasol (5+5+4 en 19 minutos), otro demarraje de KD apretó al máximo el marcador (88-86). Golden State había olido la sangre. Así que los texanos recurrieron a su eterno orgullo de campeón. Aldridge embocaba un triple a tablero inverosímil. Pero lo mejor estaba aún por llegar. El plato fuerte de la noche lo sirvió, cómo no, Manu Ginóbili. Talento, corazón, clase, garra, instinto, inteligencia, tesón… Patrimonio mundial de este deporte. Por siempre y para siempre, Ginóbili. Y por si sirve de algo, no te retires todavía.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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