Un heroico LeBron evita renqueante una derrota histórica

Era el partido de los nuncas. LeBron James nunca había sido eliminado en primera ronda de playoffs (13-0, ahora), de hecho nunca había jugado un séptimo partido en esta primera eliminatoria. Nunca había perdido dos partidos seguidos con la posibilidad de pasar ronda. Y nunca había sido el último en llegar a semifinales: sus Cavs aterrizaron con los otros siete equipos ya esperando (algunos jugando). Y nunca, desde luego, había necesitado tal carga de baloncesto, energía y heroica para dar solo el primer paso en un Este del que ha salido vivo siete años seguidos. Para encontrar algo remotamente parecido hay que volver al 4-2 de 2008 ante los Wizards. Pero juraría que ni entonces, ni en las peores versiones de plantilla de sus primera etapa en los Cavs, había estado tan horriblemente solo, tan poco y tal mal acompañado.

Todos estaban pendientes del que podría haberse convertido en uno de los partidos más señalados de la NBA de la última década; sus rivales del Este, desde luego, y sus pretendientes para la próxima temporada. Otro nunca: LeBron podría no haber vestido nunca más la camiseta de los Cavs, sus Cavs, si los Pacers hubieran aplicado una lógica que solo incumple LeBron: fueron mejor equipo que los Cavs en Regular Season y lo fueron también durante buena parte de esta eliminatoria. Hasta el punto de que una temporada preciosa, en la que pasaron de objeto de burla tras el traspaso de Paul George a equipo revelación, acaba con el regusto amargo de haber dejado escapar a LeBron, el destripador de aquel proyecto de Paul George, David West, Roy Hibbert… y George Hill, que ahora juega en los Cavs y que en pleno estado de emergencia tuvo que aparecer con la espalda maltrecha para ser decisivo en el último cuarto a base de tiros libres (11 puntos totales) y defensa.

Los Pacers cometieron demasiados pecados como para destronar a LeBron en su cubil de The Q. Acabaron arrollados en el fango, la guerra de bayonetas, el cruce de golpes temblorosos de dos equipos agotados por una eliminatoria tremendamente exigente. Pero el mayor de todos, el capital, fue perder el partido y la serie (105-101 final) precisamente en los únicos cuatro minutos y medio en los que se sentó LeBron, con calambres después de 35 minutos seguidos en pista (llevaba 38 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias). Desde ese momento hasta la vuelta del Rey, visiblemente no al 100%, se pasó de un 75-74 a un 86-79. George Hill y un Kevin Love resucitado a tiempo (14 puntos en 12 tiros) habían abierto la brecha que ya no se cerró. El golpe definitivo a unos Pacers que habían convertido en el tercer cuarto un 56-43 en un 58-61 ante un The Q aterrorizado. Su último hachazo en una eliminatoria en la que han perdido cuatro partidos por 14 puntos totales.

Movido por la pura desesperación, Lue recurrió a lo más parecido a una versión competitiva de los Cavs que podía recordar: sacó del museo de cera a Tristan Thompson y lo juntó en pista con LeBron, Love y JR Smith. Con más músculo y más espacios para LeBron, los Cavs mandaron con claridad en un primer tiempo enorme de LeBron (26 puntos, 11/16 en tiros) gracias a la flojera de un rival que les concedió 17 tiros más al descanso a base de pérdidas y debilidad en el rebote. Con LeBron jugando al poste y los demás haciendo lo justo (bien Thompson, discretos los demás titulares, horribles los suplentes), los Cavs no pegaron el estirón definitivo y se vieron en desventaja, casi de repente, en el tercer cuarto, cuando se volvió a ver que son un equipo con pocas fuerzas, escasas variantes, solo un plan llamado LeBron y mucha diferencia entre su mejor jugador (llamado LeBron…) y todos los demás. Pero ahí, con el marcador comprimido y LeBron en el vestuario, los Pacers se quedaron en blanco. Como cuando sales del portal y tienes que pararte unos segundos para acordarte de a qué demonios habías salido a la calle. Dejaron de jugar. Bogdanovic nunca apareció, Oladipo (30+12+6) solo rompió de verdad en el tercer cuarto y Collison remó hasta donde pudo. Los Cavs, con cara de susto, cerraron el partido a base de empuje y de ir a la línea de tiros libres (40 totales, 16 más que los Pacers).

Se acabó una temporada maravillosa de los Pacers en la que se les ha escapado la caza mayor. Nunca un equipo de LeBron había parecido tan terriblemente asequible, tan absolutamente limitado y tan claramente mediocre en una primera ronda. Hizo falta que LeBron jugara más de 43 minutos, los últimos ocho y medio renqueante. Que sumara 45 puntos, 9 rebotes, 7 asistencias y 4 robos. Que se exprimiera a un nivel que parece insostenible con tanto (¿o no?) por delante. Incluso para él. Hizo falta tanto que nadie debería dar un duro por estos Cavs ante un rival colectivamente tan superior como los Raptors. Pero está LeBron, la montaña de músculo que comba toda lógica y que tiene por delante, con el acompañamiento que lleva y visiblemente agotado (¿problemas musculares?), una de las tareas más titánicas de toda de su carrera. Pero eso no va a evitar que ahora mismo en Toronto estén temblando muchas piernas. Debería ser la hora de los Raptors pero cuidado: siempre, siempre, es la hora de LeBron James. Desde ahora, 5-2 (y cinco triunfos seguidos) en séptimos partidos.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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