Arenas explica su duelo con Crittenton: «Ven, elige una pistola»

El 21 de diciembre de 2009 bien podría ser considerado como uno de los días de la infamia en la NBA. No hay imágenes que atestigüen el bochorno como en el Malice at the Palace —la vergonzosa pelea entre los Pistons y los Pacers con aficionados de Detroit de por medio— en noviembre de 2004, pero casi una década después aún cuesta imaginarse cómo dos compañeros de equipo acabaron amenazándose con pistolas en pleno vestuario. Nos referimos a Gilbert Arenas y Javaris Crittenton. Un duelo despreciable y condenable que supuso el principio del fin de sus carreras deportivas.

Crittenton, uno de los jugadores involucrados en el traspaso de Pau Gasol a los Lakers en 2008, no volvió a disputar un solo partido en la NBA. Actualmente, con 30 años de edad, se encuentra cumpliendo condena por homicidio. Podría seguir entre rejas hasta el 13 de diciembre de 2036. Por su parte, y pese a que en el momento de los hechos aún no había cumplido los 28, Arenas apenas jugó desde entonces un total de 107 encuentros entre liga regular y playoffs. Nunca volvió a ser él mismo sobre el parqué. Un jugador que espoleado por el feo que le hicieron todos los equipos al no elegirle en la primera ronda del draft 2001 (de ahí su mote, Agent Zero y su dorsal, el 00), se convirtió en una estrella distinguida por su talento para anotar. Con 552 partidos en su currículum, puede presumir de promediar más de 20 puntos por noche (20,7).

Distintas informaciones surgidas a lo largo de los años han permitido construir un relato a lo sucedido aquella mañana en las entrañas del Verizon Center de la capital federal de los Estados Unidos. La casa de los Wizards. Un relato que ahora gana en riqueza con las aportaciones del propio Arenas en un artículo publicado en el portal The Action Network y firmado por Jon Gold. La intrahistoria que significó la caída a los infierno para ambos.

«Yo era competitivo. Esa era mi naturaleza. Apostaría contigo sobre cualquier cosa. […] Lo más importante en un deportista es la confianza. No tenerla dice mucho de ti como jugador. Un competidor no se echa para atrás. Echarse para atrás es un síntoma de debilidad tanto para tus compañeros como para ti mismo«, comenta el controvertido, polémico y ya exbase.

Todo empezó dos días antes del incidente. A unos cuantos miles de metros sobre el suelo. En el avión que transportaba a los Wizards de regreso a DC. El origen de la trifulca un juego de cartas, el boo ray. Para los entendidos en la materia, un juego similar al julepe, una variante de la popular brisca. Cómo no, había dinero de por medio. Siempre según el relato de Arenas, este se despertó de la siesta en pleno vuelo. Pronto su atención se dirigió hacia varios de sus compañeros. «Cuando me sumé a la partida, Javaris estaba sangrando (no le iban nada bien las cosas) y yo estaba muy excitado porque había ya un bote de 1.100 dólares. Podía oler la sangre. Él estaba muy caliente y molesto. Se quejó de que pudiera incorporarme en mitad de la partida«, avanza Arenas. El artículo explica que en la versión del boo ray que se explaya en la NBA está permitido incorporarse en todo momento siempre y cuando se iguale la cantidad que en ese preciso instante haya en el bote. Seguimos.

Aquí entra en escena el trash talking. Ese arte de desquiciar al adversario con la palabra del que Arenas era uno de sus máximos exponentes. «Cuando alguien estaba a punto de morir, me ponía a imitar a las azafatas: ‘¡Oh, no! Alguien va a saltar. ¡Avisad al comandante!’. Eso a Javaris le hizo ponerse a mil. Pero todo el mundo sabe que ese mi estilo: meter el dedo en la llaga«, rememora.

Arenas descubre que JaVale McGee —el actual jugador de los Lakers y ex de los Warriors— contaba con una mano imbatible. Lo que no le impide retirarse para regresar poco después y subir la apuesta el doble. «Crittenton pensaba: ‘Este cabronazo me la está jugando«. La partida avanza hasta que McGee se lleva el gato al agua. «El avión aterriza y entonces Javaris se dirige a JaVale:

¿Así que vas a dejar que pierda mi dinero de esa forma? ¿Ni siquiera me vas a dar la oportunidad de poder recuperar mi dinero? Estas son el tipo de cosas que a uno le pueden costar caro en la calle‘.

Le dije algo así como: ‘Javaris, quemaré tu coche contigo dentro. Luego buscaremos un extintos para ayudarte a salir’.

‘Bueno, entonces yo simplemente te dispararé‘.

¡Tío, yo mismo llevaré las pistolas para que me dispares!«.

El día siguiente, Flip Saunders había dado el día libre a sus chicos. Un descanso que ni Arenas ni Crittenton emplearon en reflexionar y olvidar el absurdo pique. Todo lo contrario. A la mañana siguiente, Gilbert llegó al vestuario y colocó cuatro pistolas descargadas delante de su par de taquillas (según Caron Butler, otro de los testigos de excepción, las mismas que había ocupado Michael Jordan en su día). «Ven, cabronazo, elige una. Voy a dispararte con otra de estas«, le retó. Crittenton, que se encontraba de espaldas fue poco a poco dándose la vuelta: «No necesitas dispararme con esas. Tengo una aquí mismo«. Acto seguido, le apuntó con dicha pistola, la cual sí estaba cargada. Lo broma se tornó en drama. El vestuario se vació, con la salvedad de Arenas y Crittenton. «No me puse nervioso porque había vivido, de lejos, situaciones mucho peores que esas. Había escuchado más tiroteos de los que podía recordar. Ese habría sido un día más donde yo venía«, concluye Arenas.

Un escalofriante relato que acabó con el comisionado David Stern, el predecesor de Adam Silver, expulsándoles para lo que quedaba de temporada. Un suceso que marcó para siempre las carreras de ambos y que abochornó a la NBA.

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