¿Rechazan las estrellas a LeBron? Kyrie, Butler, George…

Jimmy Butler, en lo que ha acabado siendo un paso obvio dentro del insoportable culebrón en el que se han enfangado los Timberwolves, pidió el traspaso con tres equipos a los que le gustaría ir: Brooklyn Nets, New York Knicks y Los Angeles Clippers. Para un jugador que acaba contrato, esto es un mensaje claro a los equipos a los que sí pretende seguir vinculado después… y una forma de ahuyentar a los demás. Lo normal, además, es que no haya extensión sino nuevo contrato en julio. La primera solo podría ser de dos años y 45,9 millones. El contrato podría irse hasta los 190 millones por cinco años.

Según Adrian Wojnarowski, los Lakers no estaban en sus cuentas una vez que se consumó la llegada de LeBron James, ya que Butler no quiere vivir sus años de plenitud bajo la gigantesca sombra del 23. El mismo periodista señalaba también que en los Clippers se prepara una ofensiva por Butler y Kawhi Leonard… que es angelino y también tenía interés en los Lakers hasta que, otra vez, llegó LeBron James.

Estos casos se suman al de otra estrella angelina, Paul George, que parecía destinado a acabar en los Lakers (prácticamente lo proclamó a los cuatro vientos) pero ha firmado para asegurar el largo plazo en unos Thunder que apostaron por él en alquiler de cara a tener luego la mano ganada para su continuidad (lo ha hecho Toronto con Kawhi también). En el caso de George también apareció LeBron más como factor disuasorio que como gancho. Y hace poco más de un año, imposible olvidarlo, Kyrie Irving provocó un terremoto en la NBA con su petición de salida de los Cavaliers, donde había sido doce meses antes campeón junto a LeBron.

Así que el razonamiento a priori más lógico se puede invertir y plantearse: ¿se encontrarán los Lakers con problemas para encontrar estrellas (dinero tendrán) que quieran sumarse a su proyecto la próxima temporada? Si es así, y vista la edad de LeBron, acabará sobrevolando la sombra del último Kobe Bryant, que también ejerció un efecto nocivo en los viajes de los Lakers al mercado.

Parece obvio que jugar con un jugador y personaje de la talla de LeBron James requiere una buena preparación psicológica para otros jugadores de primerísimo nivel, obligados a ceder protagonismo en la pista y todavía más fuera de ella. Eso, por mucho que LeBron sea un jugador evidentemente de equipo y en absoluto egoísta. Chris Bosh habló sin tapujos del esfuerzo que suponía hacer trabajo sucio para LeBron y Wade y Kevin Love fue un millón de veces el eslabón más débil, la pieza a punto de saltar del puzzle, en los cuatro años de LeBron (tres con Kyrie) en los Cavs.

En una época en la que los jugadores son permanentemente consciente de su legado y lo que sus nombres generan entre la opinión pública, saltar al que ya es por diseño el equipo de LeBron puede suponer además un escrutinio extra y unas críticas que muchos no querrán asumir. Que le pregunten a Kevin Durant, que sabe bien de qué va ese asunto aunque en su caso no hay atisbo de remordimiento tras enrolarse en los Warriors.

Dicho eso, los casos de Kyrie y Durant han demostrado que cada vez es más difícil trazar las rutas de las grandes estrellas, ponerse en su piel e imaginar cuáles serán sus pasos. Lo que ahora parece un hecho cerrado (recuerdo: Paul George a los Lakers) puede no serlo en semanas. No digamos cuando se abra el mercado en julio. Y si, por ejemplo, ya hay un pacto sellado con sangre entre Butler y Kawhi para reunirse en los Clippers, nadie lo sabe ahora mismo.

Además, cada caso es diferente, aunque es innegable que la silueta de LeBron aparece como factor, en unos casos más directo que en otros. Con Kyrie quedó claro que la llegada de LeBron le incomodó porque tuvo que entregar el trono de un reino que estaba destinado a ser suyo. A cambio, claro, ya tiene un anillo de campeón. Pero, ¿quién puede entender realmente que hay en la cabeza de un Kyrie que podría rechazar en un año seguir en un equipo de proyecto tan robusto como el de los Celtics? Química, legados, regresos a casa, mercados… Los componentes en las decisiones son cada vez más complejos y más individuales. Paul George, asuntos de los Lakers al margen, había decidido seguir en OKC y seguir con Russell Westbrook tras un año I más bien decepcionante. En su caso, el efecto LeBron parece menor. Y, sinceramente, ¿quién puede saber qué hay realmente ahora mismo en la cabeza de Kawhi Leonard?

Los Lakers, mientras, tampoco se han planteado hacer inversiones descomunales por Kawhi y Butler a doce meses de que sean agentes libres. De hecho, si no lo hicieron antes por Kawhi parecía obvio que no iban a hacerlo ahora por Butler, un jugador menor si se comparan las mejores versiones posibles de ambos. Prefieren saber cuánto potencial hay realmente en su base joven (Lonzo, Ingram, Kuzma, Hart, Wagner…) y tener un marco de acción mucho más claro y definido en el próximo mercado.

Y, francamente, si realmente LeBron no es precisamente un imán para otras estrellas, ver qué puede hacer (y hasta dónde puede hacerlo) con ese núcleo joven parece la idea más sensata. Pero lo cierto, en todo caso, es que hoy circula una idea que en doce meses puede haber quedado corroborado o reducida a chisme de pretemporada: no será fácil que los Lakers encuentren una gran estrella que se ponga al servicio de LeBron James par ser campeones en L.A. Veremos…

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