Rockets: ¿un paso atrás en su persecución de los Warriors?

AÑO DE CREACIÓN: 1967 (en San Diego).

PABELLÓN: Toyota Center.

PROPIETARIO: Tilman Fertitta.

GENERAL MANAGER: Daryl Morey.

ENTRENADOR: Mike D’Antoni (desde 2016).

TÍTULOS: 2 (1994, 1995).

PASADA TEMPORADA: 65-17 (final de Conferencia).

PRINCIPALES ALTAS: Carmelo Anthony, James Ennis, Michael Carter-Williams, Brandon Knight, Marquese Chriss, Isaiah Hartenstein.

PRINCIPALES BAJAS: Trevor Ariza, Luc Mbah a Moute, Ryan Anderson, Aaron Jackson.

CONTRATOS MÁS ALTOS 2018-19: Chris Paul (35,6), James Harden (30,4), Clint Capela (15,2), Brandon Knight (14,6), Eric Gordon (13,5).

PRINCIPALES JUGADORES EN ÚLTIMO AÑO DE CONTRATO: HIlario Nene (player option 2019-20), James Ennis (team option 2019-20), Michael Carter-Williams, Gerald Green, Carmelo Anthony.

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ANÁLISIS: todo aquello que no avanza, retrocede

Daryl Morey, el genio loco que ha convertido a los Rockets en el epicentro del nuevo baloncesto de estadísticas avanzadas, vive obsesionado con destronar a los Warriors. Sin excusas y sin esperar a que vengan tiempos mejores: buscándolos. Una suerte para todos los que vemos baloncesto… y un trabajo que exige una fe inquebrantable (¿cómo se gana de verdad a estos Warriors?) pero que estuvo a punto de dar sus frutos la pasada primavera: después de la mejor temporada de su historia (65-17), de convertir a James Harden en MVP tras un par de remates al palo y de construir por fin una defensa excelente para acompañar a uno de los mejores ataques de la historia, los Rockets ganaba 3-2 en la final del Oeste. Y entonces, al final del quinto partido, se lesionó Chris Paul. Un guiño del destino demasiado grande como para que no lo aprovecharan unos Warriors que ya no perdieron más: 4-3 y 4-0 después en las Finales.

La cuestión, una vez cerrada la temporada, era obvia: ¿había sido el comienzo de una caza épica o apenas la mejor oportunidad que jamás se les presentará a los texanos? Difícil saberlo pero desde luego el verano no trajo las mejores noticias para unos Rockets que ya se mueven en el plano de exigencia más alto: no se trata de ser un equipo arrollador en Regular Season, que lo seguirán siendo, sino de medirse palmo a palmo al, seguramente, mejor equipo de la historia. Y en esa batalla eterna, da la sensación de que han dado un par de pasos atrás en vez de uno (¿el definitivo?) hacia adelante.

LeBron James ni se planteó seriamente mudarse a Houston y Paul George renovó en OKC, así que Morey viró hacia otra de sus obsesiones de los últimos años: un Carmelo Anthony que fue una catástrofe en los Thunder y que tendrá que hacer en los Rockets lo que no ha parecido capaz de hacer para reconducir su carrera cuando el físico le ha ido abandonando, concentrarse más en defensa y ser más eficiente con menos contacto con el balón. También han llegado una serie de jugadores con mucho que demostrar y riesgo de ganarse la etiqueta de mercancía dañada: Knight, Carter-Williams, Criss… Y los Rockets, al menos se aseguraron la continuidad de sus dos principales agentes libres, el restringido Clint Capela y un Chris Paul que compromete el futuro de la franquicia para ganar ahora, en el cortísimo plazo. No quedaba más remedio una vez que el base mantuvo sus expectativas en máximos: cuatro años, 160 millones para un jugador que tiene 33 y serias cuestiones relacionadas con las lesiones. Pero que es uno de los mejores de siempre en su puesto y la principal razón del salto de calidad del equipo la temporada pasada.

El hilo conductor sigue, por lo tanto, pero el guion cambia, tal vez demasiado para seguir el paso de unos Warriors que, para colmo, añadieron a DeMarcus Cousins a precio de ganga: el arquitecto de una defensa muy agresiva y de cambios constantes, a semejanza de los de la Bahía pero hecha para frenarlos, Jeff Bzdelik, se fue en extrañas circunstancias que algunos relacionan con la llegada de Carmelo, con el que ya chocó en Denver. Y en el mercado se escaparon dos piezas fundamentales para hacer viable ese renovado esquema defensivo, Trevor Ariza y Mbah a Moute. El recambio ha sido el interesante James Ennis, pero no parece suficiente. No cuando el reto es ser mejor en una serie a siete partidos que los pluscuamperfectos Warriors. Una carrera en la que un milímetro concedido puede ser demasiada distancia y los Rockets parecen haber entregado al menos un par. Contra el resto de la NBA, eso sí, seguirán siendo un martillo percutor con rachas imposibles de anotación. El resto de respuestas, en los playoffs.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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