Butler vuelve, pero los Warriors se mantienen sin brindis al sol

Decían algunos medios estadounidenses que Jimmy Butler podía, después de no jugar por decisión propia ante los Jazz en el partido en el que Derrick Rose se terminó saliendo (50 puntos), no vestir más la camiseta de los Timberwolves al declararse en rebeldía. No ha sido así. Para el enfrentamiento en el Oracle Arena ante los Warriors volvió, si es que alguna vez se fue, pero poca solución nueva se encuentra cuando enfrente tienes a Curry, Durant y Thompson con un rendimiento cercano al tope.

Y no será que no lo pelearon los Wolves, pero a la hora de tomar decisiones cuando éstas se vuelven cruciales, en los momentos calientes, no estuvieron a la altura: perdieron 116-99.

De entrada ya vimos a un Kevin Durant que quería hacer mucho por dejar su impronta. Las primeras ventajas, que en el inicio del encuentro ya eran de hasta diez (19-8, 21-11…), se dieron por su culpa. El equipo de Steve Kerr estaba muy fino en el pase, creando triangulaciones indefendibles como sólo ellos saben.

Al comenzar los cambios, empezó la merma para los locales. Butler fue el que precisamente cogió el mando al inicio del segundo cuarto, donde Thibodeau (no) sorprendió al dejar a sus estrellas más tiempo en la cancha, cuando los Wolves se pusieron por delante. Jerebko, Iguodala y otros secundarios warriors no fueron suficientes esta vez. A base de triples, metieron 13 en total, y de internadas en la boca del lobo dominaban. Tuvo que salir Curry para poner las cosas en su sitio.

Apareció Wiggins con ocho puntos consecutivos y esto devolvió el liderato a Minnesota a mitad del tercer cuarto, una ventaja que mantuvieron al final del mismo gracias al buen trabajo de la pareja de bases que formaron Okogie y Jones, uno para cada lado del campo, un buen experimento del entrenador del equipo. Pero, como si fuera un boomerang, Klay Thompson también logró meter ocho puntos casi de forma seguida al inicio del último cuarto y Golden State se puso por delante para ya no bajarse de ahí. Y en ese momento murió el partido: 25-10 hasta que sonó la bocina, un paseo que dio una muestra de lo difícil que es frenar a los campeones y de lo mucho que tienen que trabajar los Timberwolves para llevarse este tipo de partidos.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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