Texas libra la batalla de las dos Américas

Beto O’Rourke aparece en un parque público de Austin sin que apenas nadie se dé cuenta. Llega, como es habitual, conduciendo su propio coche, un Dodge familiar color gris, aparca, da unos pasos y alguien que lo reconoce da la voz: “¡Beto!”. Entonces, como si se tratara de una estrella rock, se ve rodeado por gente que quiere abrazarle, fotografiarse con él y cosas más serias: prometerle que le convertirá en el primer progresista que el Estado de Texas envía a Washington en 24 años.

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