Las amenazas a defensores de los derechos humanos ponen en jaque a la democracia brasileña

El pasado viernes, el diputado regional del PSOL (Partido Socialismo y Libertad), Marcelo Freixo, comparecía ante los periodistas en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro para comentar la noticia publicada por el diario O Globo, un día antes, en la que se decía que su vida podría haberse acabado el sábado. La Policía de Río había descubierto que unos milicianos, grupos paramilitares integrados por expolicías que controlan las actividades ilegales en los barrios pobres, planeaban matarlo. Si dicha acción no se hubiera descubierto, podría haber sido el segundo político de visibilidad asesinado en la ciudad en menos de un año en Brasil: en marzo, la edil Marielle Franco, también de ese mismo partido de izquierdas, fue fusilada en plena calle junto con su chófer en una de las áreas más populares del centro. Un crimen que, hasta la fecha, sigue sin esclarecerse.

Seguir leyendo.

Portada Edición América de EL PAÍS

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*