El artículo 24: ¿podría la NBA vetar el traspaso de Anthony Davis a Los Angeles Lakers?

En poco más de 72 horas, a la hora de cenar en España del jueves, sabremos si el caso Anthony Davis tiene solución inmediata o esta se aplaza hasta el verano. Después de días de una sobrecarga mediática casi imposible de digerir, llega el momento decisivo sobre todo si ese destino del jugador es Los Angeles Lakers, el equipo en el que él quiere jugar, el equipo que quiere hacer lo que sea necesario para hacerse con sus servicios y el equipo al que ya apuntaban casi todos los dedos cuando, en verano, Davis dejó a su agente de toda la vida y se unió a Rich Paul, el hombre de confianza de LeBron James.

Más allá de las constantes filtraciones interesadas de todas las partes (Pelicans, Lakers, Paul, el resto de pretendientes), este asunto tenía desde su nacimiento muchos de los ingredientes necesarios para ser una bomba de relojería: un top 5 de la liga tratando de cambiar su equipo de toda la vida por uno de un gran mercado a todavía año y medio de acabar contrato, la sombra de Paul, James y un conglomerado en el que algunos ven (lo han dicho literalmente) métodos mafiosos, las nuevas dinámicas de una NBA en la que (también en gran parte gracias a los movimientos de LeBron en la última década) los jugadores ganan enormes cuotas de poder con respecto a los propietarios de las franquicias, la vieja rivalidad Lakers-Celtics…

En ese torbellino, aparezcan las críticas a Davis, a los Lakers, a LeBron y su entorno, a la NBA actual… y se piden medidas e investigaciones en base a conceptos como colusión y tampering. Charles Barkley, que no deja charco sin probar, fue el último que pidió una investigación por “colusión” para evitar que las estrellas confabulen para forjar súper equipos. En un excelente artículo en Sports Illustrated, Michael McCann analiza este trasfondo legal y se hace una pregunta que regresa a 2011 y el sonado fiasco del trade de Chris Paul a los Lakers:¿Podrían Adam Silver y la NBA vetar un trapaso de Anthony Davis a los Lakers?

 La respuesta es que sí pero que no sucedería salvo circunstancia absolutamente excepcional, tanto que jamás se ha dado en toda la historia de la NBA. En el caso de Chris Paul, cuyo traspaso a los Lakers precisamente desde Nueva Orleans fue rechazado por la liga, existía el condicionante de que esta ejercía de propietaria en funciones de la franquicia de Louisiana, acuciada por una tremenda inestabilidad económica y adquirida por la NBA de manos de Geroge Shinn para ser saneada y vendida a un grupo empresarial local que garantizara, al menos temporalmente, la continuidad en Nueva Orleans. David Stern, por entonces comisionado, se movía por lo tanto en un difícil equilibrio entre los intereses del equipo y los generales de la liga. Se habló de una enorme presión de las franquicias de los llamados mercados pequeños, con un supuesto email de Dan Gilbert, dueño de unos Cavs que habían perdido poco antes a LeBron James… pero Stern nunca aceptó que ese fuera el caso en público y llegó a culpar a Dell Demps, general manager de los entonces Hornets y ahora Pelicans, de hacer un pésimo trabajo ante las garras de (iba a ser una operación a tres bandas) Mitch Kupchak (Lakers) y Daryl Morey (Rockets). Demps, por cierto, sigue siendo general manager (y vicepresidente de operaciones) del equipo que ahora o en verano va a perder a Anthony Davis pudiendo darle más dinero que nadie.

El artículo 24 de la constitución de la NBA

Sin mando en la franquicia, Adam Silver podría recurrir al artículo 24 de la constitución de la NBA, según el cual puede tomar medidas personales, concluyentes e inapelables en función de lo que considere que es mejor para los intereses de la competición. Una libertad que jamás se ha tomado con un traspaso que también podría ser anulado (leyes 35 y 35A de esa constitución) si se demuestra que ha habido tampering, básicamente contactos y una intromisión ilegal en la situación de un jugador con contrato. La NBA investiga y puede haber multas (los Lakers las han recibido ya con Magic Johnson al frente por una denuncia de los Pacers por tocar a Paul George y por halagos del mítico exjugador a Giannis Antetokounmpo), y el propio Anthony Davis ha recibido una sanción de 50.000 dólares por la petición pública de traspaso, un castigado recogido en el último convenio colectivo.

Pero, y si no aparecen evidencias que difícilmente aparecerán porque los equipos suelen operan cuidándose bien de dejarlas, los castigos nunca van mucho más allá. McCann enumera unas cuantas razones por las que lo normal casi en cualquier escenario es que la NBA no haga nada si finalmente se da el traspaso antes del jueves: hasta ahora no hay pruebas contra los Lakers, tan solo especulaciones; la asociación de jugadores (NBPA) podría entrar con todo si cree que los derechos de Davis han sido menoscabados, se podría ver el mismo favoritismo para otros que algunos podrían ver si no hacia los Lakers y sentaría un precedente peligroso en una liga en la que Porzingis fue traspasado el jueves a Dallas apenas horas después de salir enfadado de una reunión con los Knicks y en la que se firman montones de contratos en las primeras horas desde que se abre el mercado veraniego: ¿qué se investiga, hasta qué punto y cuándo? Finalmente, si el traspaso se hace, sería porque los Pelicans ven que es la opción más ventajosa para ellos (tan presionados como están los Lakers y con las dudas que hay de cara al verano, es probable que su oferta final vaya a ser de hecho lo suficientemente buena) y una intervención de Silver en sentido contrario estaría siendo extremadamente subjetiva y finalmente podría debilitar a los propios Pelicans de cara al traspaso que tendrían que volver a negociar en julio.

No es un caso de colusión según la NBA

Por último, y sobre la colusión que denunció Charles Barkley, el artículo aclara que ni siquiera se puede aplicar en este caso, ya que la colusión por diccionario es distinta a la figura legal que define el convenio colectivo de la NBA en su artículo XIV: conspiración de dos equipos para perjudicar económicamente a un o varios jugadores. En este caso, e incluso en el caso de que se encontraran evidencias contra los Lakers, no habría ningún otro equipo implicado.

El artículo II de la sección 7 del convenio regula, en un intento de favorecer a los mercados pequeños, la posibilidad de los equipos de dar a sus jugadores en las condiciones óptimas un 35% del cap en sus nuevos contratos por el 30 del resto de franquicias. En los Lakers Davis firmaría una extensión de cinco años y 207 millones por los 240 que se llevaría en los Pelicans. Además, el impuesto para las rentas más altas es de más del 13% en California por el apenas 6% de Louisiana. Davis estaría renunciado a unos 34 millones de dólares par ir a los Lakers, así que no hay argumento económico contrario al jugador en este caso. Sencillamente, este elige un equipo más allá del volumen total de dinero del contrato del mismo modo que hizo Gordon Hayward cuando dejó los Jazz para irse a los Celtics o Kevin Durant cuando se marchó a los Warriors. Cuando los jugadores tienen asegurado ser millonarios en cualquier caso, esa diferencia final de millones no tienen un efecto tan seductor como se esperaba cuando se firmó el convenio actual. Así se ha demostrado.

Cuando se hace un traspaso, la NBA tiene que comprobar que todo se haya desde la legalidad y dar su aprobación definitiva. Siempre es así. Normalmente, solo se frenan aquellos en los que hay problemas en los reconocimientos médicos de los jugadores (a los Hornets/Pelicans les pasó con la operación que enviaba a Tyson Chandler a los Thunder). Pero este no sería tampoco el caso con Anthony Davis así que las opciones de que la NBA intevenga si finalmente hay acuerdo Lakers-Pelicans son absolutamente mínimas, nulas con la información de la que se dispone ahora mismo.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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