Unos Rockets en estado de gracia llenan de dudas a los Sixers

Cada vez con mejores resultados, cada vez con mejores sensaciones y cada vez con más semejanzas con el equipo que ganó 65 partidos la pasada temporada y tuvo en la final del Oeste dos bolas de partido para dejar en la cuneta a los Warriors: los Rockets están llegando a su pico de forma en el mejor momento, llevan siete victorias seguidas y ante los Sixers (107-91) dieron otro puñetazo encima de una mesa que ya se tambalea. Estan terceros del Oeste (40-25), por delante ya de Thunder (40-26) y Blazers (39-26). Y tienen tan cerca el segundo puesto de los Nuggets (tres partidos) como el sexto que ocupan los Jazz. Pensando en dónde estaban hace no tanto, una situación excelente para el que es ahora mismo el equipo más en forma de la NBA y con pinta de ser, otra vez, el gran peligro para los Warriors en el Oeste. Doce meses después, así se están poniendo las cosas: cambiar todo para que nada cambie.

En el lado opuesto de las cosas, los Sixers han perdido tres de sus cuatro últimos partidos y tienen ya a uno solo de distancia a los Celtics. Son cuarto y quinto del Este y, si siguen así, se medirán en una primera ronda en la que el factor cancha apunta a esencial y de la que el derrotado saldría tocadísimo. Lo peor es que siguen sin Joel Embiid, que tampoco tiene fecha clara para un regreso que parece en todo caso cercano. Eso les supone un lastre en el corto plazo (Capela se cebó: 18 puntos y 9 rebotes) y, sobre todo, les está restando hojas del calendario en su carrera por integrar a su nuevo y rutilante quinteto inicial, en el que Tobias Harris sigue cumpliendo de forma intachable (22+9) pero en el que Jimmy Butler parece muchas veces un extraño pero necesario apéndice y en el que un Ben Simmons que habló de falta de energía colectiva después de esta derrota sufre mucho (acabó en 15+9+10 con 7 pérdidas) cuando sus compañeros fallan los tiros. Y esta vez fallaron todo: 3/26 en triples, con un 1/9 de Redick y un 0/5 de Mike Scott.

Así es imposible ponerse enfrente de la tormenta de fuego que son ahora mismo estos Rockets, que ganaron con el susto en el cuerpo tras una mala caída de James Harden, que se hizo daño en la muñeca derecha, que ya le ha dado problemas en los últimos partidos. Acabó con 31 puntos, 10 rebotes, 7 asistencias y cita con los médicos, en teoría simple cuestión de precaución. Con Chris Paul en labores de intendencia y Gordon (17 puntos) y Green (15) metiendo los puntos que no anotaban los exteriores de los Sixers, el partido fue finalmente un despliegue plácido (+22 en el último cuarto) de unos Rockets muy, muy superiores y en un estado excelente de confianza. Todo lo contrario a unos Sixers con muchas cosas que resolver de cara a los playoffs. La principal de todas, la rodilla de Embiid, claro…

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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