Gregg Popovich y la reinvención de un entrenador legendario

Para hablar de la NBA hay que mencionar irremediablemente de Gregg Popovich. El entrenador de San Antonio Spurs es historia viva de la competición americana y uno de los últimos reductos del baloncesto ‘de antes’ que queda, además de uno de los pocos mitos en activo que encontramos tanto en los banquillos como en las pistas de la mejor liga del mundo.

Los texanos se impusieron la pasada madrugada a Dallas Mavericks para su mar su sexta victoria consecutiva y parece que, si no hay una sorpresa mayúscula en este último mes, jugarán los playoffs por 22ª jornada consecutiva. Una heroicidad al alcance de muy pocas franquicias y un récord que le establecen como uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos. El mérito ya no sólo reside en el número de campeonatos ganados (5), que también, sino en la durabilidad del proyecto y en la capacidad para mantener a su equipo competitivo a pesar de los cambios que ha habido en el baloncesto y los diferentes jugadores con los que ha contado en su plantilla.

Esto último es muy importante. Del último anillo conquistado por la franquicia en 2014, Pop solo mantiene a dos jugadores en la plantilla: Marco Bellinelli y Patty Mills. Dos jugadores que, aunque indudablemente buenos, no llegan al nivel de las pérdidas de los últimos tiempos: Tim Duncan, Tony Parker, Manu Ginóbili y Kawhi Leonard. Los epicentros que han sustentado a la franquicia en los últimos años a pesar de pertenecer a generaciones distintas.

El técnico ya demostró en el pasado que puede superar las bajas de grandes estrellas y jugadores importantes en su equipo, reinventarse y seguir haciendo al equipo competitivo. Ya lo hizo cuando David Robinson se fue del equipo y lo volvió a hacer en una etapa en la que se fueron otros veteranos (Bruce Bowen, Robert Horry), Duncan bajó el nivel y tuvo que tirar de jugadores jóvenes y de ‘robos’ del draft para mantener a flote a la franquicia.

La reinvención

No hace mucho tiempo LeBron James, fan declarado del técnico, hizo una reflexión interesante. El alero dijo que se podía considerar a Popovich como el mejor entrenador de la historia debido a que había conseguido dominar la NBA en tres etapas distintas: la de los hombres altos, la del pick and roll y la del triple.

La reflexión es curiosa y si nos paramos a pensar en ella podemos distinguir tres grandes etapas en la carrera del pentacampeón. Una primera desde que adquirió a Tim Duncan en 1997 hasta 2003, cuando se retiró David Robinson. Fue la época de los hombres altos, de las ‘torres gemelas’, de juntar a quintetos de muchos centímetros en cancha. La etapa en la que permitía una transición entre lo viejo (Robinson) y lo nuevo (el propio Duncan) mientras hacía a su equipo competitivo con muchos jugadores que disfrutaban de sus últimos años buenos tras una década de los 90 dominada por Jordan.

Estos primeros años se saldaron con el anillo de 1999, el primero de una era en un año extraño, y con el de 2003, al que se accedió tras llevar una progresión que en esa época era muy natural en el Oeste y que finalmente acabó con el dominio ‘laker’ de Shaq y Kobe y con la adquisición de gente joven como Manu Ginóbili y Tony Parker, que empezaban a tener protagonismo en la plantilla.

La segunda etapa acabó con otros dos campeonatos y fue la del pick and roll. Con la retirada de Robinson se estableció a Duncan como epicentro del ataque de manera definitiva pero rodeándolo con jugadores como unos Ginóbili y Parker en su etapa de madurez. El primero fue protagonista en el anillo del 2005 ante Detroit y el segundo en tuvo a Parker como MVP de las Finales en 2007. Pudo ser la época del dominio y la dinastía, pero las derrotas en semifinales de Conferencia en 2004 (tiro milagroso de Fisher en el sexto) y en 2006 (séptimo partido en casa perdido ante Dallas) lo impidieron. Aun así, se puso en evidencia que el técnico daba una mayor prioridad a la regularidad a largo plazo que a la inmediatez.

Esta fase, que podría concluir con la derrota en 2008 (Finales de Conferencia ante Lakers) acabó con una pequeña crisis que se extendió hasta 2011. A partir de entonces,el pequeño bajón de Duncan, que ya no estaba para ser MVP (aunque siguiera aportando), hizo que se entrara en la etapa de la restricción de minutos, el baloncesto colaborativo y una nueva transición que tendría a Kawhi Leonard como sustituto en el papel de jugador franquicia, algo que finalmente no salió como se esperaba.

Con una nueva progresión admirable (Finales de Conferencia en 2012, de la NBA en 2013 y anillo en 2014) se acababa una era justo cuando empezaba a emerger la del triple (en 2015 ya ganaban los Warriors). Una era a la que Popovich también se adaptaría.

Mantener el grupo competitivo

A pesar de que desde entonces los Spurs no han vuelto a ser candidatos al anillo, han firmado dos temporadas de más de 60 victorias desde 2014 y una Final de Conferencia justo tras la salida de Duncan, que no hizo al equipo bajar el nivel. Lo más complicado parecía que se daría en la actual temporada: las salidas de Leonard y de Parker, unidas a la retirada de Ginóbili y al papel residual de un Pau Gasol que ya ni está en el equipo, dejaba a la franquicia en ascuas. 

Con Demar DeRozan y LaMarcus Aldrige, el entrenador, que entraba en una fase nostálgica, se las ha arreglado para mantener el nivel del equipo. Ambo jugadores son buenos, pero no están al nivel (a priori) de las estrellas que Pop ha tenido en las dos últimas décadas. Tampoco el resto de la plantilla. Derrick White, David Bertans o Jakob Poeltl son solo algunos ejemplos de los ‘robos’ que el técnico ha conseguido inventar para mantener a los Spurs en playoffs.

La fase final es seña de identidad de la franquicia, de la que no se baja desde la primera temporada de Popovich en los banquillos. El año pasado ya lo demostró con un gran final de regular season, y tras la racha de derrotas fuera de casa el conjunto de Texas ha resuelto cualquier atisbo de duda consiguiendo seis victorias consecutivas para asentarse en unos playoffs que están prácticamente resueltos en el Oeste. Y todo ello renegando de un triple que siempre ha puesto por detrás de los fundamentos del baloncesto clásico (es de los equipos que menos triples tira de la liga) y basándose en jugadores con habilidades que otras franquicias ‘desprecian’.

Lo único que falta por saber es donde terminará el viaje. Desde la directiva ya han asegurado que Pop seguirá “hasta que él quiera”, y el cinco veces campeón tiene que estar en el banquillo de Estados Unidos en el Mundial de este año y en los Juegos Olímpicos del siguiente. Todo llega a su final, y aunque no esté todavía anunciado, cuando llegue dejará tras de sí un legado absolutamente legendario.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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