Tacko Fall: el gigante “demasiado alto para la NBA” que reta a Zion

Calienta el March Madness tras la exhibición de Ja Morant y a la espera del debut, hoy, de la Duke de Zion Williamson. Si los de Krzyzewski no fallan ante North Dakota St., y no deberían, se medirán en segunda ronda al ganador de otro partido de hoy, uno mucho más milimétrico y marcado por el duelo entre dos defensas de primer rango: VCU-UFC. Octavo y noveno del Este en un cara a cara para el que ESPN da un 54% a los Rams (Virginia Commonwealth University) y un 46% a Central Florida, los Knights y el equipo de un jugador del que un entrenador rival dijo esta temporada que convertía en inútil “más de la mitad del libro de jugadas” de cualquier rival: Tacko Fall.

UCF llevaba 14 años sin llegar al torneo, que va a jugar por quinta vez con la ilusión de superar al menos una ronda, algo que no ha conseguido nunca. Sin ninguna victoria en el gran baile, aspiran a la primera y al mediático duelo contra Zion, Barrett, Reddish y toda la maquinaria que arrastra Duke colgados de Fall, una de las 40 personas más altas del mundo. Nacido en Dakar (Senegal) en diciembre de 1995 (tiene 23 años, está terminando el ciclo universitario completo), mide 2,29. Y ahora mismo no aparece en los principales mock drafts porque parece un gigante a contraestilo de la actual NBA: no tira por fuera y desde luego su mayor virtud no es intercambiar posiciones y defender por toda la pista. Básicamente, lo que se pide a los pívots hoy en día. Con perspectiva, y si llega finalmente a la liga, será con diferencia el jugador más alto (2,21 miden Porzingis y Marjanovic) en este momento y desde los también 2,29 de Yao Ming y antes Shawn Bradley. Por delante, solo los 2,31 de Muresan y Manute Bol. El caso del gigante chino, un jugador extraordinario mientras el físico le aguantó, tampoco casa bien con las opciones de Fall: ¿es posible que un tipo con esa altura y 141 kilos pueda jugar durante años al ritmo que exige la NBA? Partidos, viajes, noches en hoteles… Fall, un tipo tímido que detesta ser la atracción allá donde va pero que obviamente rara vez pueda evitarlo, tiene una envergadura de más de dos metros y medio, alcanzan 3,18 metros de pie sin saltar y con los brazos extendidos hacia arriba, machaca sin levantarse del suelo y tiene un 70 (más o menos, es difícil hacer la conversión en ese tamaño) de talla de calzado.

La cuestión es que Fall ha ido evolucionando hasta convertirse en un jugador tremendo, con mucha proyección si se considera que de niño jugaba al fútbol y detestaba un baloncesto que no comenzó a practicar hasta los 16 años. Con buen instinto y no solo tamaño en defensa, es un jugador absolutamente diferencial atrás que en ataque se limita a hacer aquello en lo que está cómodo: en esta temporada ha promediado 10,9 puntos, 7,3 rebotes y 2,5 tapones con casi un 74% en tiros de campo, superando un récord de la NCAA que estaba en el 67,8% de Steve Johnson en la temporada 1980-81. En sus cuatro años en la universidad solo ha lanzado once tiros en suspensión, en total. En la última no ha perdido, claro, ni un solo salto inicial. Pero eso es anecdótico: su influencia en los partidos es drástica, forma una pareja interior gigantesca en UCF con Collin Smith, que ronda el 2,10 y, sobre todo, se ha ganado con su progresión que algunos ojeadores crean que no solo merece la pena contar con él de cara a la NBA sino que apenas ha comenzado a rascar lo que puede ser un enorme potencial. Nada que ver con, otro caso que juega en su contra, Hasheem Thabeet, el gigante tanzano de 2,21 elegido con el número por los Grizzlies en el draft de 2009 (por delante de James Harden y Stephen Curry, entre otros) y que apenas pudo hacer carrera en la gran liga.

Otra de las cosas que diferencia a Fall, musulmán devoto, es que el baloncesto es ahora el centro de su vida pero no es toda su vida: aplicado estudiantes con excelentes notas, sueña con ser ingeniero electrónico y trabajar para Microsoft o Siemens. En Senegal pasó penurias tras el divorcio de sus padres (su padre se mudó a Ohio) y hubo etapas en las que solo hacía una comida al día. Quizá por ello sigue sin comer mucho y los preparadores de Central Florida se vuelven locos buscando fórmulas para que consuma unas 6.000 calorías al día. Y para crearle planes de entrenamiento específico que le ayuden con su físico sin riesgo de lesiones que serían factibles si, con su particular físico, entrenara igual que los demás.

Fall llegó a Estados Unidos con 16 años, rozó la indigencia, esquivó la expulsión del país y acabó en Florida tras pasar por un instituto de Texas, el paso previo a sus años en UCF, con la que se comprometió a pesar de que alguna de las grandes del país habían empezado a llamar a su puerta. Prefiere las matemáticas a la fama, pero si su equipo supera la primera ronda y se las ve con Zion y compañía, desde luego va a tener su incuestionable cuota mediática. Un ensayo para lo que, pese a los que creen que es demasiado alto (desde luego, en gran medida una paradoja), puede ser después una carrera en la NBA. Y si no, siempre tendrá la ciencia.

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