James Harden y los Houston Rockets: ¿y ahora qué?

«Nos han pateado el culo, es inaceptable». Estas eran las palabras de Tilman Ferttita, dueño de los Rockets, tras la eliminación de su equipo ante los Golden State Warriors en el sexto partido de las semifinales de la Conferencia Oeste. Un año después, el equipo texano ha vuelto a tropezar en la misma piedra, a caer preso de sus propios errores y a remar para morir en la orilla.

Y este año además se han quedado sin excusas. La pájara ofensiva que sufrieron la temporada pasada en el séptimo partido de la final de Conferencia fue eclipsada por la lesión de Chris Paul y el arbitraje desfavorable, argumentos que suponían buenas salidas (dentro de los propios Rockets) para explicar la eliminación después de una campaña para la historia en la que habían llegado a las 65 victorias en regular season. Pero en esta serie, la situación ha sido a la inversa y la lesión de Kevin Durant dejaba vía libre a los Rockets.

No lo han aprovechado. Ni el quinto encuentro en Oakland cuando el alero se retiraba con más de un cuarto por delante, ni el sexto en el Toyota Center, ante su público. La derrota es dolorosa, sobre todo tras la lesión de Durant y el mal momento que vivían los Warriors (el peor en casi cinco años de dinastía). Las explicaciones se han empezado a suceder y las opiniones de los aficionados se amontonan para dar una respuesta a lo sucedido. Lo que es seguro, es que será un verano de reflexión en los Rockets.

Una temporada complicada que acaba sin premio

Las cosas ya empezaron torcidas en Houston cuando empezó la campaña. Las lesiones y los malos resultados obligaban a la franquicia a implorar a su entrenador defensivo del año anterior, Jeff Bzdelik, a volver al equipo. Antes, Carmelo Anthony había salido de la plantilla (fue el chivo expiatorio) certificando un nuevo fracaso en esta parte final de su carrera (ha sido 10 veces All Star). El regreso de Bzdelik y la salida del alero permitieron al equipo remontar el vuelo y superar las lesiones gracias a una versión sobrehumana de James Harden.

Desde el 23 de febrero hasta el 11 de marzo los Rockets encadenaron 9 victorias seguidas, la primera de ellas en Oakland sin Harden. Esta racha fue cortada por los mismos Warriors en el Toyota Center. Era un presagio de lo que estaba por venir. Los de Texas acabarían la temporada con seis triunfos en los últimos siete encuentros para establecerse en la cuarta posición de la Conferencia Oeste con 53 victorias. Eran 12 menos que hacía un año, pero las buenas sensaciones en la parte final del curso, unida al hundimiento de otros equipos (como los Thunder), dejaban a Houston como la única alternativa real (una vez más) para acabar con la dinastía de Golden State.

La primera ronda, que finalizó con un 4-1 antes los Jazz, hacía aumentar la esperanza en la afición texana. Los seguidores volvieron a ilusionarse tras ver a su equipo comportarse como un auténtico aspirante y remontarle un 2-0 a los actuales campeones para empatar la eliminatoria. Luego se lesionó Durant. Y luego nada. Una temporada muy difícil en la que había costado mucho trabajo llegar al enfrentamiento ante los Warriors, pero que acababa una vez más sin premio.

De McHale a D’Antoni: un proyecto que tiene que reinventarse

El proyecto empieza a agotarse, y las soluciones son cada vez más complicadas. Desde que Harden recayó en la franquicia en 2012, el objetivo era claro: el anillo. Con Kevin McHale en el banquillo, el escolta mejoró sus números a medida que se probaban diferentes opciones para rodearle en pista. Jeremy Lin no funcionó y Dwight Howard, muy vilipendiado tras su paso por los Lakers, no rindió como se esperaba. La unión de Harden, Howard y McHale dio a los Rockets una final de Conferencia en el año 2015… en la que cayeron contra los Warriors.

La mala temporada en 2016 acabó con el traspaso de Howard y el despido de McHale. La llegada de D’Antoni, que venía de sendos fracasos en Lakers y en Knicks, era un riesgo relativo. La actual NBA era muy acorde para el técnico del seven seconds or less, y Harden era un jugador que podía rendir mejor incluso de lo que antaño lo hizo Nash para el entrenador. Tampoco es raro ver este tipo de movimientos en proyectos a medio plazo. Muchas veces se necesita un cambio en los banquillos, un primer entrenador que dé el impulso y que luego sea sustituido por otro que termine de redondear el proyecto (el caso de Jackson y Kerr es un gran ejemplo).

Pronto se vio que la decisión había sido la correcta. En la primera campaña de D’Antoni, el equipo se plantaba con 55 victorias. El ex de los Suns conseguía su segundo título a Mejor Entrenador del Año, Harden mejoraba sus números y Eric Gordon era elegido Mejor Sexto Hombre. Perdieron ante los Spurs por 4-2 en las semifinales del Oeste, pero era el primer año del entrenador en los banquillos y nadie se alarmó. La campaña había sido buena y los Rockets progresaban.

El año pasado era el año. Chris Paul llegó para revolucionar el equipo y convertirlo en más que aspirante. Las 65 victorias demostraron el dominio del equipo, James Harden consiguió su primer MVP de la temporada y los Rockets eran favoritos esta vez por delante de los Warriors. Ya sabemos como acabó la historia.

Ha sido en la presente campaña en la que se ha visto que el equipo necesita reinventarse. La baja de Trevor Ariza ha pesado, y aunque el equipo consiguió recuperarse para la parte final de la campaña, se ha puesto en evidencia lo que el año pasado era una suposición que nadie quería decir en voz alta. Los Rockets son peores que los Warriors. El equipo necesita cambiar, bien parte de su plantilla o bien su estilo para poder plantar cara a Golden State.

¿Y ahora qué?

Esta es la gran pregunta. El periodo de reflexión ha empezado en Texas, y poco a poco se irá viendo como evolucionan los acontecimientos. Ferttita ya ha asegurado que el objetivo sigue siendo ganar un campeonato con James Harden, por lo que parece que la estrella continuará como jugador franquicia. El resto, veremos.

Chris Paul y PJ Tucker tienen 34 años, y el base en particular pasa más tiempo lesionado que activo en las últimas campañas. Capela sigue mejorando en temporada regular pero se le comen en playoffs. Y luego está D’Antoni. El técnico, que tiene una dilatada carrera y que siempre tendrá el mérito de haber cambiado el baloncesto, sigue sin dar con la tecla en playoffs. Ni una sola final de la NBA para un hombre que lleva toda una vida en la mejor liga del mundo. 

¿Y Harden? Está claro que no se va a mover de allí. También está claro que es de los mejores jugadores de la Liga (para algunos será el mejor). Pero en los momentos de la verdad le ha temblado la muñeca. Le pasó el año pasado, cuando desapareció en la segunda mitad del séptimo partido, y le ha pasado esta campaña, cuando ha llegado fundido al final del sexto. Las grandes gestas individuales en temporada regular no ganan campeonatos. Al menos esa es la tradición.

Ya lo dijo un tal Michael Jordan recientemente. Que lo que hacía Harden era impresionante. Que lo que hacía Westbrook era impresionante. Pero que él tiene seis anillos. Y James Harden y sus Houston Rockets, de momento, ninguno.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*