Popovich, LeBron, el trono del Este y la corona de Kawhi

Ocho años. Ese es el tiempo que ha pasado desde que los Boston Celtics jugaron en 2010 la última Final de la NBA en la que no estuvo LeBron James. Desde entonces, El Rey escribió con letras de oro su nombre en la historia del baloncesto y llevó a los Heat y a los Cavs indistintamente a la última ronda de la lucha por el título. Hasta ahora. La marcha del alero a los Lakers dejaba una vacante libre en el Este. Una oportunidad. Una corona. Y la ha ocupado Kawhi Leonard.

No ha sido un camino sencillo para el jugador de los Raptors. El jugador, nacido en California en 1991, pasó por la Universidad de San Diego State antes de ser seleccionado por los San Antonio Spurs en el puesto 15 de la primera ronda del draft. Era una persona introvertida, tímida, muy alejada de los grandes focos de la Liga y de los lucimientos personales ante la prensa. Encontró la horma de su zapato en un equipo entrenado por Gregg Popovich y que tenía a Tim Duncan como jugador franquicia. El técnico y el ala-pívot fueron sus mentores, y el primero en concreto vio en Kawhi al sustituto perfecto para una estrella (Duncan) que ya había empezado a perder luz.

Desde que los caminos de Pop y Leonard se cruzaron, la hoy estrella no dejó de mejorar sus números. Estuvo en el mejor quinteto de rookies en su primera temporada, y en la segunda avanzó con su equipo a las Finales de la NBA, mejorando sus estadísticas en playoffs, algo habitual en el norteamericano.

En esa ocasión perdieron, pero al año siguiente se tomaron su venganza. El anillo de 2014 marcó un antes y un después en la carrera de Kawhi. Le ganó el mano a mano a LeBron, promedió 24 puntos y 9 rebotes en los tres últimos partidos de la serie, y fue MVP de las Finales. La NBA está llena de casualidades. El hombre del futuro dejaba al mejor jugador del presente sin su three-peat y le derrocaba disolviendo a los Heat de por aquel entonces. Era un presagio de lo que estaba por venir. Una victoria sobre una corona que conquistaría años después.

Los años siguientes fueron los de la explosión. All Star, Mejor Defensor (en dos ocasiones), integrante de los mejores quintetos, líder en robos… Leonard siguió mejorando y estableciéndose cada vez con más claridad entre la élite de la Liga. En la 2016/17, primera temporada post Duncan, Leonard se fue hasta los 25,5+5,8+3,5. Era el jugador franquicia de los Spurs. El californiano se desataba en playoffs y se iba hasta los casi 28 puntos por partido… hasta su lesión. La pierna de Pachulia fue el preludio de una de las historias más raras que ha vivido la NBA en los últimos años.

No fue para menos. Leonard solo jugaría 9 partidos en la temporada siguiente. Disconforme con Popovich y con los consejos médicos de los Spurs, el alero buscaba segundas opiniones de una lesión que no parecía tanto pero que le tuvo parado por mucho tiempo. El divorcio era evidente en una historia de la que nunca sabremos todos los detalles. Ni siquiera una reunión con los jugadores, en la que se encontraban miembros como Parker, Ginóbili o Pau (cómo ha cambiado San Antonio), convencía a la estrella de jugar los playoffs.

De una forma u otra, era el final de la historia. Leonard abandonaba a su mentor en los primeros 7 años de Liga. Al hombre que le había convertido en uno de los jugadores con más presente y futuro de la competición. Lo hacía entre las críticas, el desconcierto de los aficionados y vía traspaso. Llegaba a los Raptors para la siguiente gran aventura. Y vaya aventura.

Redención y reivindicación en Canadá

El año de Kawhi en Canadá ha sido el año. Llegó amenazando con no jugar y pasarse otra temporada en blanco (Toronto no era su equipo favorito), pero finalmente decidió que había más riesgos que beneficios si hacía esto y optó por estar disponible antes de acabar contrato (algo que hace el próximo 31 de junio). Mientras disfrutaba de las máximas de su carrera (27+7+3) en una regular season en la que tuvo restricción de partidos, Leonard pudo ver como se acordaban de él en San Antonio. Y no precisamente con cariño. Las palabras de Popovich sobre su falta de liderazgo se juntaron a las de Bruce Bowen, que le criticaba sin pelos en la lengua, y con la tremenda pitada que sufrió en su regreso a Texas. Un partido que acabó, por cierto, con un breve abrazo con su antiguo maestro. Con el hombre que ha hecho de Kawhi a Kawhi.

Popovich al margen, Leonard volvió a ser All Star y consiguió despejar dudas acerca de una recuperación con la que no todo el mundo contaba tras un año prácticamente en blanco. También volvió a los mejores quintetos de la Liga (en el segundo) y a los defensivos (también al segundo). Y como ya hemos dicho, estadísticamente ha sido su mejor temporada en ataque. 

Pero donde se ha producido la verdadera explosión ha sido en playoffs. Más de 31 puntos, casi 9 rebotes y 4 asistencias por partido con un 51% en tiros de campo y un 39% en triples. En segunda ronda ante los Sixers, promedió 35+10 rebotes por choque. Hizo su tope en playoffs en el primer duelo de esta serie (45 tantos) y metió 41 en el último, en el que además logró el tiro ganador. Y todo esto defendiendo a Butler una gran parte del tiempo.

Contra los Bucks, más de lo mismo. Al margen de sus números (30+10+4) la defensa sobre un Antetokounmpo que no ha podido con el alero ha sido esencial para el devenir de la eliminatoria. Simplemente parecía que Anteto era peor cuando le defendía Kawhi. 27 puntos por partido del griego en las dos primeras rondas. Menos de 24 en esta. No hay más historia. 

El jugador ha ahuyentado las críticas y se ha redimido tras su abrupta salida de San Antonio. Antes decían de él que no estaba entre los mejores jugadores de la Liga, que estaba sobrevalorado, que no podría ganar sin Popovich y que Anteto era mejor que él. Ahora, Leonard ha sido definido en los últimos días como el mejor jugador de la historia de los Raptors (les ha metido en las primeras Finales de su historia) y como el mejor jugador de los actuales playoffs (es el máximo anotador y el jugador más eficiente). En los Raptors se ha reivindicado y ha demostrado que puede ser ese jugador que todo el mundo esperaba que fuera. El que acabó con LeBron en 2014. Ese proyecto por el que Gregg Popovich apostó desde el principio

Kawhi fue cuestionado en rueda de prensa sobre si era en estos momentos el mejor jugador de la Liga. «No juzgo mi juego de esa manera. Soy más del aspecto grupal, veo lo que mi equipo hace. Sólo quiero ganar, no me importa ser el mejor jugador, sólo ser el mejor equipo. Siempre lo he dicho», respondía. Está claro que algo ha aprendido de Popovich. Y que la corona del Este es suya, también. Siguiente parada: el anillo.

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