La frontera perdida en la selva

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I. EL MIEDO INNOMBRABLE DE PETÉN

El viejo expolicía interrumpe la conversación. Tras hablar durante 15 minutos con la compulsión de un reo durante la visita familiar, para en seco y nos pide a mí y a los dos fotógrafos: “¿Me pueden mostrar sus identificaciones?”. Las ponemos sobre la mesa de esta palapa cervecera del municipio de San Benito. Mira una foto, levanta la vista y nos mira a nosotros. Y así tres veces. “¡Ya ven! Uno queda paranoico”, justifica. Sí, aquí en Petén hay mucha gente paranoica. Razones no les faltan.

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