Las estrellas de ayer que hoy solo aspiran a seguir en la NBA

Titulares de portada, posters para la historia, canastas que valen por 100, contratos multimillonarios… son solo algunas cosas de las que han gozado muchos jugadores de la NBA, cuyo talento les ha llevado a rozar el cielo en algún momento de su carrera deportiva. Sin embargo, aquellos que no hace muchos años fueron el reclamo de toda una franquicia y sus aficionados son ahora personajes secundarios de la liga norteamericana.

Una mala decisión, un mal gesto en alguna caída o simplemente un problema extradeportivo les han hecho tocar fondo profesionalmente hablando. Difícilmente volverán a rozar su zenit, pero ahora lucharán por mantenerse a flote en el turbulento océano que es la NBA.

DeMarcus Cousins

El último caso en salir fue el del pívot de Lakers. Y no por la tremenda mala racha de lesiones (se rompió hace unas semanas el ligamento cruzado de la rodilla en pretemporada tras recuperarse de una rotura de tendón de Aquiles), sino por la orden de arresto que se emitió en el día de ayer por un delito menor de violencia doméstica.

La carrera de este talentoso y rebelde pívot empezó a caer en picado hace año y medio: en enero de 2018, mientras jugaba su mejor baloncesto con los Pelicans, se rompe el tendón de Aquiles. Uno de los pívots más cotizados por su repertorio ofensivo (cuatro veces All-Star y dos en los mejores quintetos de la temporada) se topa con una de las peores lesiones. Desde entonces, algún destello durante esta temporada con los Warriors, pero nada comparado con el nivel mostrado anteriormente. En julio llega a los Lakers y un mes después se rompe para perderse el resto de la temporada. Aún por determinar si dentro o fuera del calabozo, pues el delito del que se le acusa le puede enfrentar a un año de cárcel.

Dwight Howard

Ocho veces All-Star, mejor taponador de la temporada en dos ocasiones y mejor reboteador en cinco. Uno de los jugadores más intimidantes y potentes bajo el aro de la última década que empezó a hundirse en el mismo sitio en el que podría resurgir: afrontará su segunda etapa en Los Ángeles y la oportunidad le llega debido a la lesión, precisamente, de Cousins.

El pívot, llegó este verano a Memphis tras un intercambio de los Wizards. Sin embargo, la intención de su nuevo equipo era cortarle de inmediato. Finalmente, el interés de los Lakers les sirvió para hacer negocio y para que el jugador encontrara acomodo esta temporada. Una situación inimaginable para los angelinos y su afición si se lo cuentan hace siete años. Entonces llegó desde Orlando siendo una estrella, y seguramente el mejor en su posición de la NBA, para unirse a Kobe Bryant, Pau Gasol o Steve Nash. El resultado a final de curso: un contundente 4-0 en primera ronda ante los Spurs. De ahí se marchó a los Rockets, y desde entonces su rendimiento fue decreciendo hasta la fecha.

Isaiah Thomas

Un ídolo en Boston. Hace tres temporadas, en su último año en los Celtics, promedió 28,9 puntos y 5,9 asistencias en 76 partidos. Era su segundo curso como All-Star y la primera vez que aparecía en los mejores quintetos de la NBA. Un jugador de 1,75 de altura que se metía de cabeza en la zona y no temía el contacto con ninguna mole de dos metros. Tremendamente castigada quedó su cadera, con motivo de tantos contactos con el rival y posteriores caídas al suelo. Y de esa manera una de sus virtudes se convirtió en el lastre que le ha impedido volver a ser lo que era.

El verano de 2017 llegó a Cleveland vía intercambio, pero tardó en debutar con los CAvs al tomar la determinación de operarse de la cadera. Su estancia en Ohio, dicen las malas lenguas que por algún roce con LeBron James, duró pocos meses y puso rumbo a los Ángeles. Allí tampoco encontró su sitio y la pasada campaña firmó por el mínimo con los Nuggets. Lejos de mejorar, su oportunidades de volver a la pista se iban reduciendo. En total, 44 partidos y 12 desde el quinteto inicial en estos dos años entre sus tres últimos equipos. Ahora le llega el tren de Washington. Un equipo en el que buscará reencontrarse y en el que gozará de mayor protagonismo. La baja de larga duración de Wall y la marcha de Satoransky a Chicago le abre una puerta en su posición que difícilmente volverá a tener si no la aprovecha.

Derrick Rose

El jugador más joven de la historia en convertirse en MVP de la NBA. Lo consiguió con 22 años, en su tercer curso como profesional, tras convertir a los Bulls esa temporada (2010/11) en el mejor equipo de la liga con un balance de 62-20. Rookie del año, tres veces All-Star y una de las carreras más prometedoras del siglo XXI hasta que, el 28 de abril de 2012, en el primer partido de playoffs ante los Sixers se rompe el ligamento de la rodilla.

Adiós a la siguiente temporada para que, a su vuelta, se opere de una rotura de menisco. Posteriormente, y a tener en cuenta, tuvo dos lesiones más en el menisco y una infinidad de problemas en sus tobillos debido a la tremenda potencia y velocidad de juego que derrochaba. De Chicago tomó rumbo a Nueva York, donde mostró un nivel intermitente dadas las lesiones. De ahí a Cleveland durante unos meses para recalar finalmente en Minnesota. Precisamente en los Timberwolves regaló un halo de esperanza: la última noche de Halloween firmó su record personal de anotación con 50 puntos a los Jazz. Un más que merecido premio para una estrella que se ha ido diluyendo y que luchará por encontrarse, si sus articulaciones le dejan en los Pistons.

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