Portland Trail Blazers: el año 19 de Pau Gasol y la pareja de los 400 millones de dólares

Los Blazers ganaron 53 partidos, su tope en un lustro y más que en la temporada 2014-15, cuando sumaron 51 victorias y una eliminación en primera ronda tras la que se desmanteló un proyecto prácticamente completo: LaMarcus Aldridge, Nico Batum, Robin Lopez, Wesley Matthews, Arron Afflalo… todos se fueron y los Blazers quedaron en manos de Damian Lillard y un CJ McCollum que por entonces jugaba menos de 16 minutos por partido. Desde entonces, y cuando parecían abocados a una sufrida reconstrucción, han sido un fijo en los siempre caros playoffs del Oeste, acaban de jugar su primera final de Conferencia desde 2000 (la del 4-3 con remontada épica de los Lakers) y se han mantenido firmes en su cultura de franquicia responsable y seria, que siempre intenta competir a pesar de que está vetada por los grandes agentes libres y que saca lustre a una historia que la convierte en más que un equipo para Portland, donde no hay un tejido de franquicias profesionales como el de la vecina Seattle, rival encarnizado que se quedó sin los Supersonics. Así ha sido casi siempre con los Blazers y así ha seguido siendo tras el fallecimiento del propietario Paul Allen cofundador de Microsoft, y el ascenso a la cima jerárquica de la institución de su hermana, Jody Allen, el pasado mes de octubre.

Los Blazers jugaron una temporada tremenda en la que habían encontrado en Jusuf Nurkic un complemento ideal, un oso bosnio (había firmado en julio por 4 años y 48 millones) en las zonas al lado de los livianos Lillard y McCollum: el pívot promediaba 15,6 puntos, 10,4 rebotes y 3,2 asistencias cuando se rompió la tibia el 25 de marzo, una lesión que le dejará fuera de las pistas al menos hasta bien entrado febrero y que en teoría acababa con las esperanzas de cara a los playoffs de un equipo que se recompuso con Enes Kanter como cinco titular y navegó hasta esa final de Conferencia en la que fue desbordado por unos Warriors sin Kevin Durant (4-0). Antes dejó dos series para el recuerdo ante los Thunder (4-1) y los Nuggets (3-4). A los primeros los eliminaron con el ya icónico triple de Lillard que en la práctica ventiló toda una era de baloncesto en OKC. A los segundos, después de una serie dramática que incluyó un partido de cuatro prórrogas y un triunfo final de los Blazers en Denver, en el duelo decisivo y con un McCollum heroico (37 de los 100 puntos de su equipo).

La final de Conferencia fue un tremendo premio, pese al rosco ante los Warriors, para un equipo que escapó del cuadro por el que iban los de la Bahía y los Rockets para acabar en un brillante tercer puesto de Conferencia, un lugar sellado con una victoria increíble en la última jornada y ante los Kings (136-131), un partido en el que los de Stotts perdían por 28 en el primer tiempo y en el que no usaron a los siete principales de una rotación que esa noche quedó limitada a seis jugadores, algo que no se veía en la NBA desde 2015. Una derrota evitaba un cruce en primera ronda con unos Thunder que les habían arrasado (4-0) en Regular Season, y en eso parecían estar hasta que se consumó una remontada increíble (38-18 en el último cuarto) con actuaciones espectaculares de los rookies Anfernne Simons (7 triples, 37 puntos), Gary Trent (19 puntos) y el interior de tercer año Skal Labissiere (29 puntos, 15 rebotes). Un partido en el que se apoyan quienes creen que ahí, en la parte joven de la rotación, hay una dosis de talento que puede empezar a destaparse en esta nueva temporada…

Porque los Blazers han tenido un verano muy movido, uno de los más radicales en cuanto a transformación de la era Neil Olshey, un eje en los despachos renovado hasta 2021 y que generalmente apuesta por andar con tiento y mucho mimo con el talento propio, al cargo de un mercado que está demasiado lejos y demasiado al noroeste por muy sostenidamente seria que sea la franquicia. Olshey quiso comenzar su verano con la continuidad de Kanter, seguro de vida mientras se recupera Nurkic y al que se esperaba renovar con los 5,7 millones de la midlevel. Pero Kanter, que había cumplido mejor de lo esperado en los playoffs 2019, se hizo el remolón en una conversación por Facetime con Olshey y Lillard y los Blazers viraron por la vía rápida: le dieron esa midlevel (2 años, 11,7 millones) a un Rodney Hood que había ido en un evidente crescendo desde que llegó en febrero desde Cleveland y al que creían que saldría mucho más caro retener. Acto seguido, otearon la opción de hacerse con un pívot imponente (al menos en apariencia) ante los problemas de Miami Heat para ejecutar el sign and trade por Jimmy Butler. En ese río revuelto, los Blazers mandaron a Meyers Leonard a Florida y a Mo Harkless a los Clippers y se llevaron a Hassan Whiteside, el gigante venido muy a menos pero con un expiring contract que le convierte, en el peor caso, en un recurso nada costoso mientras se recupera Nurkic. Después, Olshey se hizo con Kent Bazemore a cambio de Evan Turner y dio contratos bajos a Mario Hezonja (2 años, 3,6), Anthony Tolliver (1×2,5) y Pau Gasol (1×2,5). Curiosamente, la franquicia quiso (sin suerte) en el verano de 2016 a Bazemore, Gasol y Whiteside. Ahora los tres forman parte de nuevo núcleo de jugadores que tendrá que rellenar el espacio de muchas salidas, algunas importantes: Aminu, Harkless, Seth Curry, Turner, Kanter, Layman…

En el draft, los Blazers vieron como caía hasta el pick 25 Nassir Little, un jugador al que se esperaba mucho más arriba antes de una discreta temporada en North Carolina (donde llegó como uno de los recruits mejor valorados). Pero casi al final de la primera ronda era un regalo irrechazable, un alero de físico apabullante, que no cumplirá 20 años hasta febrero y que los Blazers pueden mimar hasta hacer de él (seguramente a largo plazo) un, como mínimo, valioso jugador de rotación.

Pero, más allá del terremoto de cambios en la rotación y los roles secundarios, el verano de los Blazers ha estado marcado por la apuesta por el dúo Lillard-McCollum, después de años en los que no han sido pocos los analistas que han recomendado el traspaso de al menos uno de los dos. En un órdago a grande de su fe por la continuidad de sus estrellas drafteadas en casa, los Blazers le han dado este verano una extensión de 196 millones por cuatro años a Lillard (29 años) y una de 100 por tres a McCollum (28). El primer tendrá contrato hasta 2025 y el segundo hasta 2024. Con esos casi 300 millones extra que se han asegurado, ambos combinarán 414 en las cuentas de los Blazers durante las próximas seis temporadas. Ahora llevan seis juntos, cuatro como backcourt titular. Lillard (una de las grandes estrellas de la liga) ya ha sido cuatro veces all star y McCollum (Jugador Más Mejorado en 2016) está cada vez más cerca de serlo. Juntos promediaron la pasada temporada casi 47 puntos y 10 asistencias, la versión 2.0 de aquella pareja exterior (inolvidable) Terry Porter-Clyde Drexler que formó el backcourt de la franquicia entre 1985 y 1995 y alcanzó dos Finales de la NBA. El mensaje de Jody Allen ha sido claro: el futuro será lo que hagan con él Lillard y McCollum… o no será.

En tiempos de estrellas cada vez más nómadas, jugadores empoderados y egos muchas veces descontrolados, Lillard y McCollum son una rareza apasionante: amigos, perfectamente adaptados como compañeros y conscientes de las necesidades de protagonismo del otro. Como tiene que ser. Lillard nunca ha dado señales de querer cambiar de aires, McCollum jamás ha expresado que su compañero le robe protagonismo como macho alfa anotador. Desde luego, es difícil criticar la apuesta de unos Blazers que saben que los grandes pájaros del mercado suelen volar hacia otros nidos. A partir de ellos, el equipo volverá a ser competitivo, ganará muchos partidos en Regular Season, dependerá de los estados de forma y la lotería de los cruces cuando lleguen los playoffs… y cruzará los dedos para que vuelva cuanto antes, pero sobre todo para que vuelva en su mejor versión posible, un Nurkic que todavía tiene 24 años y que estaba a un nivel colosal antes de su lesión, perfectamente integrado en un equipo en el que parece que todo el mundo se integra gracias a las personalidades de las dos estrellas principales y de un entrenador de perfil amable como Terry Stotts, como mínimo un brillante gestor de jugadores.

Esa regeneración que ha venido tan bien a otros es la que esperan en Oregón que obre un milagro también con Whiteside, absolutamente quemado y con muy mala actitud en sus últimos dos años con Spoelstra en Miami Heat. El sietepies tiene, a los 30 años, una oportunidad perfecta de relanzar su carrera, en último año de contrato y en un equipo en el que cae por defecto, y mientras vuelve Nurkic, en un quinteto muy cambiado y que ya no contará con Harkless y Aminu en las alas. Dos excelentes defensores, con buenos momentos como tiradores (y otros regulares) y muy poca capacidad para generar juego cuando los rivales apretaban en playoffs a Lillard y McCollum. Sin ellos, Stotts tendrá que seguir puliendo el repunte de Hood y ha podido encontrar un filón en Bazemore, muy buen defensor con un tiro de tres más que aceptable. Exprimir lo que quede de Anthony Tolliver y Pau Gasol (39 años, sexto equipo NBA) y tratar de reconducir a Mario Hezonja (todavía 24) son nuevas necesidades para un técnico que tendrá que buscar soluciones para una rotación interior cuestionable y sin muchas certezas en el puesto de ala-pívot, donde a priori Zach Collins debería ser el nuevo titular. Número 10 del draft en 2017, hasta ahora ha parecido mejor de lo que dicen sus números (6,6 puntos y 4,2 rebotes por partido la pasada temporada), algo que ahora podrá demostrar con muchos más minutos… siempre y cuando controle su crispante propensión a cargarse de faltas.

Seguramente, la gran esperanza secreta de Olshey y Stotts está en un núcleo joven del que pueden emergen jugadores productivos con los que a priori no se cuenta para la parte gruesa de la rotación. Sería un impulso definitivo para un equipo muy transformado y con un nuevo reparto de roles que estudiar. No solo Collins: Anfernee Simons es un guard ultra talentoso que acaba de maravillar en la Summer League junto a su compañero del draft de 2018, Gary Trent Jr. El recién llegado Nassir Little y un Labissiere que enseñó brotes verdes desde que llegó de Sacramento completan un póker de jugadores en el que Stotts puede encontrar petróleo, sobre todo si la clase de Simons rellena el lugar que han ocupado en las dos últimas temporadas Shabazz Napier y Seth Curry en la rotación de guards suplentes.

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