Rudy Gobert: el sostén silencioso de unos Jazz que dan miedo

Las cosas no son como empiezan, sino como acaban. La frase, muy utilizada en el mundo del deporte, define parcialmente lo que les está pasando a los Utah Jazz. Parcialmente porque no conocemos el final de la historia, pero sí queda claro que Salt Lake City no está viendo nada ni remotamente parecido a su inicio de temporada. Las derrotas y la incertidumbre han sido sustituidas por el optimismo y la esperanza. Las cosas han tardado en carburar, pero cuando lo han hecho ha sido a lo grande. El 10 de diciembre del año pasado, el equipo dirigido por Quin Snyder mostraba un récord de 13-11 y se encontraba en la sexta posición del Oeste. Ahora están con un impresionante 28-12 y en la tercera plaza. Casi nada.

En total y en poco más de un mes, los Jazz han sumado 15 victorias en 16 partidos para convertirse en el equipo más en forma de la NBA. Han aprovechado un calendario favorable, pero también han conseguido jugar un gran baloncesto, cerrarse en defensa, mejorar todo lo que no funcionaba e involucrar a toda la plantilla. La realidad en esta racha es que Utah está jugando muy bien. Ya no es el equipo disfuncional y a la deriva de los primeros encuentros. Ahora son un todoterreno que pasa por encima de muchos de sus rivales y que tienen un modelo fiable y efectivo que consigue sumar explotando las armas más mortíferas que han tenido en los últimos años y compaginarlas con los nuevos fichajes para hacer el equipo más temible que nunca en su historia reciente.

Una gran parte de la culpa de esta nueva racha la tiene Rudy Gobert. Parcialmente criticado tras el Mundial de China y renqueante en las primeras semanas de competición, el pívot nunca ha sido especialmente carismático ni ha acaparado focos y titulares. Siempre se ha mantenido en un cuidadoso segundo plano, bien por la franquicia en la que se encuentra, perteneciente a un estado con una fuerte tradición mormona y muy alejado de los excesos de otras ciudades norteamericanas, o por el tipo de juego que realiza en pista, en las Antípodas del estilo que hoy en día monopoliza la NBA. 

De una forma u otra, el francés es el guardián silencioso de unos Jazz que se aprovechan de sus virtudes de una manera excepcional. Al menos desde que Quin Snyder cogió las riendas del equipo en la 2014-15, solo un año después de que Gobert aterrizara en la mejor Liga del mundo. Con él, el pívot multiplico sus minutos en pista, pasando de los 9 de su temporada rookie (con Tyrone Corbin en los banquillos), a los 26. Y jugando 37 de los 82 partidos de titular, un lugar en el que no se estrenó en su campaña de debut. En la 2015-16 ya era la referencia interior del equipo y promedió 11 rebotes por partido. El año siguiente fue líder de la NBA en tapones (2,6 por noche). Los 13,5+10,7 de la 2017-18 pasaron a los casi 16+13 de la campaña pasada, la mejor de su carrera estadísticamente hablando. 

Un estilo de juego en el que es imprescindible

En una competición que ha evolucionado (o involucionado, según como se mire), tanto como la NBA, en la que los pívots clásicos han sido sustituidos por todoterrenos capaces de defender a hombres altos y bajos indistintamente (véase Draymond Gren), el mérido de Gobert es doble. El francés, uno de los últimos reductos del hombre interior clásico que ha existido en la Liga (sin tiro exterior, gran taponador y reboteador) se ha convertido en esencial en un esquema, el de Snyder, en el que se maneja como ninguno.

La intimidación y el rebote son claves entre las cualidades del pívot, con un perfil defensivo más cercano al que en su día tenían Ben Wallace o Dikembe Mutombo y más lejano al que tuvo Shaquille O’Neal, centrado sobre todo en el ataque. El francés es una pesadilla atrás en una época en la que, recordemos, defender al poste situaciones de uno contra uno es menos común que nunca entre los hombres altos. Gobert se ha adaptado a la perfección a un modelo en el que es capaz de ser útil en defensas zonales y ser competente en cambios defensivos, también cuando se trata de enfrentarse a jugadores más pequeños. Eso sí, esta última es una variante que Snyder trata de evitar en todo momento (el famoso mistmatch es el punto débil de Gobert), aunque ha tutelado a su discípulo para que sea capaz de mantenerse firme contra el pick and roll rival, una cualidad a la que responde mejor que nadie entre los centers de la Liga.

También en ataque Gobert ha sabido buscar su sitio. Sin grandes cualidades innatas y con una enorme carencia de movimientos en el poste, Snyder ha sabido utilizar al pívot para lo que ha querido en todo momento. Sin grandes alardes, el francés ha mejorado sus números en la ofensiva hasta los 16 del año pasado, siendo además líder de la Liga en porcentaje en tiros de campo (67%). En la presente campaña está en 15 puntos por choque y lleva hasta el extremo lo poco que su técnico le exige en ataque. Buenas pantallas para favorecer a los tiradores, pick and roll (sobre todo) con Donovan Mitchell, rebotes ofensivos o receptor del último pase de una plantilla colaborativa y que sabe encontrar a su compañero cuando es necesario.

Los números de Gobert

Más allá de su estilo de juego, los números le dan la razón a Gobert, sobre todo en la racha en la que se encuentra el equipo. Está promediando 14,5 rebotes por partido, el segundo con mayor promedio de toda la NBA, a la par con Clint Capela y solo por detrás de Andre Drummond, que está en 15,7. Eso sí, desdibujado en el inicio, ha mejorado sus estadísticas en los últimos 15 encuentros, 14 de ellos ganados por su equipo. El pívot pasó de los 14,4 y 13,5 del inicio a los casi 16+16 actuales. Además, en esta racha ha conseguido 12 dobles-dobles y ha superado la barrera de los 10 rebotes en todos los choques menos en uno.

Sin embargo, el poderío del jugador no se puede resumir solo con sus estadísticas principales. Con él en pista, los Jazz tienen un rating defensivo de 105, que desciende hasta el 112,2 cuando está en el banquillo. Números acordes a su perfil defensivo que sorprenden cuando nos fijamos en el ataque: 105 cuando está descansando y 114 cuando está en cancha. Una mejoría sorprendente que demuestra lo esencial que es el francés dentro del esquema de Snyder y que sitúa a los Jazz como una de las mejores defensas de la NBA.

Casi nada para un jugador que ha hecho 20 partidos de más de 15 rebotes y 5 de 5 o más tapones (está en 2 por partido, séptimo de la Liga). Y que tiene un net rating de +9,6, el mejor de la franquicia mormona. Además, Gobert es todo un filón en los finales de partido y es un seguro de vida en el clutch time, donde es líder de la NBA en el +/- (+66), en porcentaje en tiros de campo (84,2% en una estadística que cuenta a los jugadores con al menos 10 lanzamientos intentados), rebotes (35) y tapones (9). Casi nada para liderar a unos Jazz que están en un espectacular 18-6 en este tipo de encuentros. Y todo con 27 años de edad. Progresión tiene de sobra para seguir mejorando sus números, que ya son suficientes para jugar un All Star que sigue sin estar claro para él tras el año pasado, cuando ya se quedó a las puertas

Los Jazz asustan

A todo esto, la explosión de Gobert ha coincidido con la de los Jazz (o viceversa), que han pasado de ser una pequeña decepción en el inicio a convertirse en el mejor equipo de la competición. Al menos eso asegura su racha, que más allá de sumar 14 de 15 cuenta también con 10 victorias consecutivas. Esto ha sido posible gracias a un calendario favorable que ha permitido carburar al equipo: todas los encuentros disputados en este periodo de tiempo han sido contra equipos que están por encima del 50% de victorias excepto dos. La derrota ante los Heat y el choque ganado ante los Clippers (con Kawhi y Paul George) han sido los dos únicos duelos contra equipos de la parte alta de la Liga.

Eso sí, estos partidos también hay que ganarlos y por el camino, los Jazz se han deshecho de unos irregulares Wolves, unos Blazers que siguen siendo una incógnita, unos Magic siempre correosos o unos Pelicans a alza. En estos momentos, de los 30 equipos de la Liga solo 13 están por encima del 50% y es inevitable enfrentarse en una mayoría de los partidos a franquicias que estén por debajo. Y muchas de ellas han sido vencidas por los de Snyder. El argumento del calendario fácil es muy recurrente, pero no todos salen indemnes de este tipo de enfrentamientos.

Mientras tanto, en Salt Lake City ven como los suyos empiezan a ser verdaderamente competitivos. el salto que se esperaba dar con los fichajes de Conley (ahora hablaremos de él) y Bogdanovic es ya una realidad que, a pesar de haber tardado en llegar, lo ha hecho con creces. Los Jazz ganan y juegan muy bien. Dos conceptos que suponen buenas noticias por separado pero que explotan cuando van unidos. 

Esta racha ha visto como el rating defensivo empeoraba de un 105,4 a un 106,9. Sin embargo, el ataque parece funcionar definitivamente una vez que, y esto puede ser un problema, Mike Conley se ha lesionado. El base no carburaba en un inicio lleno de incertidumbre y, practicando un juego parecido al de los Grizzlies, estaba en apenas 14 puntos por partido con un 37% en tiros de campo. El rating ofensivo, en 105,3 cuando contaba con el base, se ha disparado hasta lo casi 111 puntos. Esto tiene dos lecturas: o bien los Jazz pueden consolarse pensando que tienen un jugadorazo esperando a saltar a la pista, o bien pueden llevarse las manos a la cabeza cuando descubran que es con Joe Ingles de playmaker como mejor funcionan. Así ha sido en los últimos años y así se ha hecho evidente en este, lesión de Conley mediante. 

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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