La fría retirada de Vince Carter

La aprobación por parte de la NBA del plan de acción para regresar del parón por coronavirus y acabar la temporada sólo incluye a 22 de los 30 equipos de la Liga. Ocho conjuntos, entre ellos los Hawks de Atlanta, han visto ya terminada su temporada de forma abrupta. Hay un jugador en concreto para el que las consecuencias han sido devastadoras porque esto también supone el punto final de su carrera como jugador profesional tras una larguísima trayectoria. Vince Carter dice adiós por la puerta de atrás y con un sabor muy agridulce. 

Han sido 22 temporadas de una carrera salpicada por las emociones que Carter provocaba con sus acciones. De los jugadores más espectaculares de siempre. Al bote se fueron 27.321 puntos en un total de 1.629 encuentros en la NBA, pero en el recuerdo de muchos no están esos números. Si bien los hay que defienden que su montante final no es tan ostentoso como públicamente se quiere vender, el baloncesto es deporte y el deporte es emoción como la que Vince Carter ha provocado en los aficionados durante casi cuatro décadas. Y, sea cual sea el escalafón en el que los amantes de la NBA le colocan, el final del camino ha sido extraño pero con un giro que habla bien del respeto que se le tiene. 

El pasado 11 de marzo, la fatídica noche en la que la NBA suspendió los partidos por el positivo de Rudy Gobert y la alerta mundial que hacía presagiar que los contagios por coronavirus podían reproducirse rápidamente dentro de la Liga, los Hawks jugaron contra los Knicks en el State Farm Arena. Partido poco trascendente entre dos de los peores equipos del torneo pero que se fue a la prórroga y terminó 131-136. Carter anotó sólo 5 puntos, pero tres de ellos fueron gracias a un triple que los dos equipos le dejaron jugarse en los instantes finales con el marcador ya pactado. Los jugadores ya sabían que la NBA se iba a suspender por un periodo largo de tiempo, que en el caso de los Hawks va a suponer unos nueve meses de inactividad, y le cedieron a Carter tal honor. Trae Young, autor de 42 puntos y del pase que lo propició, farda de ello: «Nadie más en el mundo puede decir que le cedió la última canasta. Pero me quedo con todas las charlas que me diste en el vestuario: gracias, Vince». La bocina del final sonó y Carter accedió a la sala de prensa. La situación era histórica ya no sólo en la NBA sino para toda la humanidad y ni un jugador tan experto como él sabía cómo manejarla, qué creer. ¿Era el final? Lo fue. «Me he ido al vestuario pensando que aún me quedaban algunos partidos, pero la vida es así y esto es algo de lo que se va a hablar durante muchos años. Será un recuerdo extraño pero curioso que podré contar a la gente», aseguró ante los periodistas. 

Ocho franquicias han disfrutado con su presencia: Raptors, Nets, Magic, Suns, Mavericks, Grizzlies, Kings y Hawks. Se va con un currículum envidiable pero sin ningún Anillo, lo cual le hace bajar en las clasificaciones históricas habituales. 

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El caso de Carter es transversal. Su calidad no se quedó en los partidos oficiales de la NBA pese a que siempre fue un buen anotador (16,7 puntos de media en 22 años, regularidad a la altura de muy pocos), ya que dos de sus momentos más icónicos, de los que la gente compra pósteres y mantiene en la retina, no vinieron en esos días. 

En 2000 le abrió los ojos como platos al mundo. ¿Cómo un ser humano podía volar de esa manera? Participó en el All-Star de Oakland, el de aquella temporada. Venía de ser Novato del Año y ya había demostrado que sabía saltar y bastante bien, pero lo que perpetró esa noche fue un abuso. Catalogado por muchos como el mejor Concurso de Mates de la historia, el arsenal que dispuso Carter en la mesa de los comensales fue merecedor de Guía Michelin. Él mismo decidió ponerle fin la contienda haciendo un gesto a la cámara de televisión que le acompañaba a la par que recitaba una frase: «It’s over». En la época en la que estamos es carne de GIF, en aquel momento fue un instante que hizo que los aficionados traspasaran la pantalla. 

Con la selección estadounidense estuvo en los Juegos Olímpicos de Sídney, entre otras fechas, y allí, ese mismo año 2000, volvió a liarla. El problema para él ha sido que aquella historia se ha hilado mal en el tiempo, dejándole en mal lugar…

El episodio con Weis 

Estados Unidos se medía a Francia en un 25 de septiembre que para Frédéric Weis fue un infierno. Tras un robo de balón Vince Carter machacó sobre sus 2,18 metros y la imagen dio la vuelta al mundo. Weis había sido escogido por los Knicks en el Draft 1999 y algunos dudaban de que fuera un jugador con calibre NBA, por lo que las implicaciones de aquellos hechos acrecentaron bastante la idea. 

A aquello se le llamó «dunk de la mort» (en español, «El mate de la muerte») en la prensa francesa y es relacionado con un episodio de suicidio que Weis sufrió años después. La unión entre los hechos no es tal, como se ha querido hacer ver durante los años. El ex ACB confesó en su día a qué se debió su problema.

El círculo no cerrado 

El destino es caprichoso y ha querido que ha Carter le haya tocado retirada en Atlanta, ciudad y equipo que para él no representan mucho. Sólo ha estado allí un par de años y su papel ha sido el de preparar a los jóvenes de la plantilla para el futuro, sin más brillo. Hubiera tenido más contundencia como cierre un final en Toronto. ¿Por qué? Hubiera sido un bonito círculo. 

Empezó su carrera en la NBA en 1998. Fue el quinto elegido de aquel draft y venía con pedigrí. Había estado estudiando en la universidad de Michael Jordan, UNC, y se rumoreaba que sus características se parecían un tanto. En sus primeros años en la Liga triunfó con los Raptors, pero quería más y se marchó en 2004. Su salida a los Nets es la más hiriente, más incluso que la de Kawhi Leonard en 2019, de la historia de los Raptors. Carter fue el primer gran ídolo de la afición canadiense y aquel desplante se vio como alta traición. Es de los que tuvo que pasar por lo de las camisetas quemadas. El ’15’, que se debió haber protegido para retirarlo en un futuro, pasó por espaldas como la de español Jorge Garbajosa. Cada vez que volvía el abucheo era atronador; él, que no se echaba atrás, respondía. La enemistad se hizo bola y el jugador que en su momento llegó a promediar 27,6 puntos en una temporada (2000/01) con los Raptors había pasado a ser el enemigo público nº1.

Las aguas se calman con los años y también ocurrió con él. Ya convertido en un veterano venerable, el Anillo de los Raps supuso que se pidiera desde sectores de la afición que Carter, que había anunciado ese verano que sólo jugaría un año más, regresara para retirarse en el equipo en el que empezó. Pero no. El choque con la realidad ha podido con él. Siempre quedarán los recuerdos.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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