El sueño de Disney World ya es realidad: hoy regresa la NBA

1.- Fórmula Disney contra la pandemiaRespuesta

2.- Un protocolo blindado contra el virusRespuesta

3.- 22 equipos, un nuevo play in y playoffsRespuesta

4.- Tres españoles en Disney WorldRespuesta

5.- Favoritos al título en la burbujaRespuesta

6.- Ausencias: sin Kyrie, Durant, Curry, Klay…Respuesta

7.- La lucha por la justicia socialRespuesta

La temporada 2019-20 de la NBA quedará como la del inicio del reinado de Giannis Antetokounmpo, un nuevo tipo de jugador total que quiere borrar el dolor de los últimos playoffs, cuando el suelo desapareció bajo sus los pies de sus Bucks con 2-0 a favor en la final de la Conferencia Este, contra los Raptors. Será la que eleve a LeBron James (todavía más) en el panteón de las estrellas inmortales, esta vez con esa camiseta de los Lakers que tan bien marida con ese concepto, el star system, que está en los huesos esenciales de la mejor liga de baloncesto del mundo. O será, tal vez, la que descifre finalmente a Kawhi Leonard como un competidor legendario. El alero podría ganar su tercer título con tres equipos distintos, esta vez con unos Clippers que jamás han tenido tantas armas para sentirse favoritos. Y que, no hay que olvidarlo, nunca han disputado siquiera una final de Conferencia.

La temporada 2019-20, por encima de todo, será. Que no es poco: enfrentada a la realidad del coronavirus, y herida de muerte en abril, la NBA ha encontrado una forma para volver, un éxito de por sí y una hoja de ruta que es casi una distopía que hubiera parecido imposible hace un puñado de meses y que, definitivamente, marcará este curso en todos los libros de historia del baloncesto: la temporada 2019-20 de la NBA será, por encima de todo, la de la burbuja de Walt Disney World. Lo nunca visto hasta ahora, lo que nunca (creemos) se repetirá. Una experiencia única, un viaje que dejará un campeón, como siempre, y una historia nueva, una que está por contar y que, como mínimo, se ha anotado ya el tanto de desafiar a la pandemia. Es un buen mensaje. El resto, lo que viene ahora, es lo principal, una vez se deshojan todas las (interminables) capas de este proyecto que parece una fantasía improbable. El resto, lo que viene ahora, es el baloncesto.

Fórmula Disney contra la pandemia

Lo que llegó a parecer poco más que una quimera, una estrategia para ganar tiempo antes de tomar decisiones durísimas, se convirtió en una realidad muy feliz, la más feliz de todas para los aficionados a la NBA: habrá fin de curso 2019-20. Habrá playoffs, habrá campeón y habrá más de dos meses llenos de partidos de la mejor liga del mundo. Después de semanas en la que la cancelación llegó a parecer un desenlace inevitable, el 4 de junio las treinta franquicias ratificaron (29-1 en la votación, solo los Blazers votaron en contra) el plan de Adam Silver, un comisionado que volvió a emerger como un líder aglutinador y sereno, una figura clave (lo dijeron todos los actores implicados) en la armonía con la que se acabaron tomando unas decisiones trascendentales. El 4 de junio, precisamente el día en el que tenían que haber comenzado las Finales 2020, se acordó que habría Finales 2020.

La hoja de ruta, confirmada ese mismo día, era la que había pasado de opción casi excéntrica a la más viable, superadas ya las candidaturas de las otras opciones, Las Vegas a la cabeza: el recinto de Walt Disney World, en Orlando (Florida) iba a ser la sede, con el epicentro de la competición en el complejo ESPN World Wide of Sports. Unas lujosas instalaciones que el gigante televisivo (propiedad de Disney) ha puesto a disposición de la NBA, con tres pabellones listos para jugar partidos y toda la tecnología necesaria (garantía de ESPN) para la realización televisiva. Conviene recordar que, todo queda en cada, Disney (ESPN y ABC) posee junto a Turner (TNT) los derechos televisivos de la NBA, por los que ambos emporios firmaron un contrato de 24.000 millones de dólares por nueve años (2016-25), el gran pilar de la edad de oro que estaba viviendo la NBA, desde luego en lo económico, antes de la irrupción de esta crisis del coronavirus.

Acordada la sede y ultimado un formato con 22 de los 30 equipos y una resolución de la Regular Season con playoffs al uso a continuación, se depuró el estilo de vida en conversaciones con un sindicato de jugadores que apostaba por el campus, una versión relajada de la hermética burbuja sanitaria que finalmente se ha tenido que aplicar. Cualquier otra opción implicaba un riesgo exagerado, más con la dura realidad que vive Estados Unidos, donde la lucha contra la pandemia ha sido irregular y en muchos estados inefectiva e inexistente: inexcusable. Uno de los más golpeados ha sido precisamente Florida, en cuya franja central se asientan el legendario parque temático que a partir de ahora unirá para siempre su nombre al de una NBA que se arriesgaba a pérdidas de casi 2.000 millones de dólares, un golpe terrible para una competición que genera unos 8.000 al año y que así consigue salvar parte de los muebles. No mucho: sin público y con una inversión descomunal para crear y mantener la burbuja desde julio hasta octubre, el propio Silver reconoció que se había llegado a un punto en el que ni siquiera era ya cuestión de dinero. Se trataba, en esencia, de devolverle al virus al menos una parte del golpe. De hacer lo que había que hacer.

La unión NBA-Disney se forjó gracias al trabajo de muchos actores, y también a la esencial presencia en la sombra (al menos a efectos del mundo del baloncesto) de uno de ellos: Robert Allen Iger. Bob Iger es un neoyorquino de 69 años que hace ejercicio a diario aunque tiene una prótesis en la rodilla. Eso y la edad, aunque solo la pizza hace que se salte una dieta muy estricta, hacen que le cueste horrores seguir el ritmo de Chris Paul cuando caminan por las colinas de California junto al base, presidente del sindicato de jugadores de la NBA (NBPA). Iger y Paul son íntimos amigos desde que este último fuera traspasado a los Clippers en 2011. Entonces buscó mentor para llevar sus asuntos en Los Ángeles. Y conoció a Iger.

Michele Roberts, directora ejecutiva del sindicato, y el comisionado Adam Silver también tienen una excelente relación con Iger y Paul. Es la fórmula como comisionado, comunicación y confianza, de un Silver que dirigía la sección de entretenimiento de la NBA a mediados de los 90, cuando comenzó a hacer amistad con un Iger que se casó con Willow Bay, la presentadora del programa de baloncesto Inside Stuff. Por entonces era presidente de ABC, que ingresó en un escuadrón de Disney que pronto tuvo a Iger al frente. Con él, la compañía ha pasado en tres lustros de un valor de mercado de 48.400 millones a más de 257.000 millones. Él dirigió los acuerdos con Pixar y la adquisición de Lucasfilm (Star Wars, Indiana Jones…) y Marvel. Y él ha sido el personaje clave en las negociaciones que han acabado con la NBA en el parque de Walt Disney World, en Orlando.

Cuando Silver paró la NBA el 11 de marzo, habían pasado ya semanas desde que, el 25 de enero, Iger había cerrado el parque Shanghai Disney en China, epicentro de la pandemia. Ambos comenzaron a compartir información y datos e Iger, aficionado de los Clippers y demócrata que hizo campaña por Hillary Clinton en 2016, se coló en las reuniones de los propietarios de la NBA para convencerles de que Walt Disney World era su mejor baza… siempre y cuando lo permitiera el coronavirus: “Data, not dates”, repetía a las franquicias: volver a jugar sería cuestión de información, no de fechas.

Ese círculo de amistad que Iger compartía con Silver, Roberts y Paul hizo que las gestiones fueran charlas abiertas y sinceras, no negociaciones angulosas. Disney ya contaba con la proximidad a la NBA (junto a Turner paga unos 2.700 millones al año por los derechos televisivos de la Liga) y con las instalaciones para alojar y acoger (Walt Disney World) a la comitiva NBA y organizar la competición (el complejo Wide World of Sports de ESPN). Faltaba el golpe de fe para el apretón de manos. Y ahí tuvo un papel esencial Bob Iger, uno de los grandes responsables de que, finalmente, se vaya a poder cerrar la temporada 2019-20 de la NBA.

Pero la realidad, la clave esencial, es que Walt Disney World era una opción perfecta desde el comienzo, cuando lanzó la primera pista un artículo del periodista Keith Smith, que había trabajado durante dos décadas en el complejo de Florida y que fue, precisamente por eso, el primero en atar cabos. En realidad, y pese a la sorpresa que causó en un principio, Disney World resultaba la baza obvia y una apuesta del propio parque para, por su parte, regalarse más de dos meses de constante promoción, vender imagen de seguridad y control sanitario y orquestar, de paso, la mejor campaña posible para empezar a vender su gran evento de 2021: el 50 aniversario de la apertura de Walt Disney World, la improbable sede del final de temporada y los playoffs 2020 de la NBA.

El estilo resort es ideal para que los equipos tengan un mínimo de libertad pero a la vez estén controlados. Los jugadores se alojan en tres hoteles según la clasificación a 11 de marzo (Gran Destino Tower, Grand Floridian y Yatch Club). Solo el primero de ellos (una medida de las posibilidades casi ilimitadas del parque) tiene, junto al Coronador Springs Resort al que está unido, más de 2.000 habitaciones. Ejercerá de centro de la vida social de la NBA y tiene a su alrededor un lago, rutas para pasear, las mejores piscinas de todo Disney World y una distancias de apenas 10 minutos (ningún hotel está a más de 18 o 20) del epicentro del regreso de la competición: el World Wide of Sports de ESPN, un tremendo conglomerado deportivo de casi 900.000 metros cuadrados en el que hay tres lugares ideales para jugar partidos: el HP Field, que ya acoge citas universitarias con televisión en directo, el Visa Center y el The Arena (que suele acoger los concursos nacionales de animación, cheerleaders…).

Además, y esto parece un asunto esencial, todas estas instalaciones están (palabra de ESPN) ya perfectamente adaptadas y equipadas para la retransmisión televisiva de máxima calidad en una burbuja que supone, seguramente, el mayor reto al que se ha enfrentado la NBA moderna y que convertirá a Walt Disney World, vivir para ver, en la gran capital mundial del baloncesto desde hoy y hasta el mes de octubre. No solo eso: la NBA, de la necesidad virtud, ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para la retransmisiones (en partidos obviamente sin público presencial) que permitirá que 300 aficionados estén presentes en cada partido de forma telemática y a través de las pantallas de vídeo (Michelob Ultra Courtside) que rodean a las canchas. Esos aficionados podrán, además, interactuar entre ellos gracias al formato «Together Mode» de Microsoft. Así lo percibirán los telespectadores y esos elegidos, que vivirán los partidos como si estuvieran sentados al lado del resto. ESPN y Turner usarán más de 30 cámaras, muchas de ellas operadas por robots, para captar los partidos de una forma novedosa, habrá micrófonos que capten todo lo que sucede en pista y, además, cualquier aficionado podrá animar a su equipo de forma virtual a través de la app de NBA y NBA.com, unas interacciones que se mostrarán en los videomarcadores.

Un protocolo blindado contra el virus

El documento en el que la NBA explica hasta el último detalle de su plan de reinicio cuenta con 113 páginas de documentación que detallan el acuerdo alcanzado por liga y sindicato de jugadores (NBPA). Entre otras cosas trata el tema de la salud y la higiene de las personas e instalaciones que se verán involucradas en la vuelta de la competición, dos temas capitales para que se pueda jugar otra vez al baloncesto. Cada franquicia tendrá un responsable que se encargará de que todo funcione de la forma correcta y de que se cumplan unas normas que también, además, podrán ser protegidas por todos a través de una línea de teléfono anónima. Cualquier persona implicada en la actividad (jugadores, franquicias, hoteles…) podrá llamar preservando su anonimato para denunciar comportamientos que puedan poner en peligro a los que sí están cumpliendo con lo pactado. Quien sea pillado será castigado o por su equipo o por la propia NBA, nunca por ambos organismos. Esas sanciones irán, en función de la gravedad o la reincidencia, de avisos y multas a la expulsión de las instalaciones de Walt Disney World.

Pero ¿qué pasa si un jugador da positivo por coronavirus? Si esto sucede, los protocolos han sido ya establecidos también. Si da positivo, será inmediatamente hospitalizado si es necesario o, si no lo es, se le enviará al momento a las instalaciones especiales de aislamiento de las que se va a disponer (isolation housing) en hoteles o recintos diferentes, pero siempre apartados del lugar en el que estaba residiendo el jugador. Una vez aislado, al jugador se le realizará un nuevo test PCR para confirmar el positivo y descartar que haya sido falso el resultado de la primera prueba. Con dos positivos, se dará por bueno el veredicto de los test, se mantendrá al jugador en cuarentena y se le realizará el tratamiento y seguimiento conveniente según sus síntomas. El aislamiento del jugador se prolongará hasta que cumpla con estas condiciones: que no muestre síntomas relacionados con el coronavirus y que dé negativo en dos test PCR con al menos 24 horas de margen entre la realización de ambos. A partir de ahí, recibirá el alta tras pasar examen de los especialistas que tendrá la NBA en enfermedades infecciosas. Si ese especialista lo requiere, se harán nuevas pruebas. Antes de volver a jugar, además, al jugador se le realizarán electrocardiogramas y controles cardíacos.

En cuanto al contacto directos con otros jugadores, staff de las franquicias o Disney World y familiares, la NBA tendrá en la Plataforma para la Salud de la Liga (League Health Platform: también de nueva creación) herramientas para trazar y monitorizar los movimientos y contactos de todos los implicados. Se centralizarán todos los datos, habrá controles de temperatura constantes y, de hecho, todo el mundo recibirá un termómetro inteligente que enviará directamente sus resultados a esa citada plataforma central. Cada persona del campus tendrá además un oxímetro para controlar los niveles de oxígeno en la sangre y detectar cualquier anomalía respiratoria. Los programas de trazabilidad serán obligatorios y estarán gestionados por la propia NBA o el departamento de salud de Orange County.

22 equipos, un nuevo play in y playoffs

La temporada regular se reanuda con 22 de los 30 equipos de la NBA: los ocho primeros de cada una de las Conferencias cuando la competición se paró a mediados de marzo y los seis conjuntos que se encontrasen a seis triunfos o menos del octavo clasificado, independientemente del lado del país en el que compitieran (uno del Este y cinco del Oeste). De esta manera, el listado de los 22 equipos es el siguiente:

La temporada regular se disputará hasta el 14 de agosto y constará de ocho partidos por equipo, elegidos entre los que les quedaban por disputar. Los playoffs por el título arrancarán el 17 de agosto tras jugarse el novedoso play-in, si fuera necesario: si el noveno se encuentra a cuatro encuentros o menos del octavo, retará a este por el puesto. El noveno deberá ganar dos duelos seguidos a su rival para arrebatárselo. Si el octavo gana el primero, mantendrá definitivamente la plaza en las eliminatorias. Si lo pierde, tendrá otra oportunidad en el segundo y definitivo. Las rondas finales no cambian (primera ronda, semifinales y finales de Conferencia al mejor de siete duelos). Las Finales, del 30 de septiembre al 13 de octubre, también al mejor de siete partidos.

Las fechas de inicio (30 de julio) y final (13 de octubre) sufrieron una pequeña modificación por motivos televisivos. En un principio se iba a empezar un día más tarde (31 de julio) y a terminar un día antes (12 de octubre), pero la NBA decidió cambiarlo. En cuanto al inicio, se pasó del viernes al jueves por ser el día en el que habitualmente la NBA suele programar sus eventos importantes. En lo que se refiere a la fecha final, se cambió del lunes al martes para intentar librarse de la competencia que tendrían con el fútbol americano de los lunes, el deporte más seguido por los estadounidenses.

Tres españoles en Disney World

Seis españoles han estado en la NBA 2019/20 aunque uno de ellos, Pau Gasol, firmara su contrato con los Trail Blazers para terminar no jugando nada esta temporada mientras se sigue recuperando de la lesión que le mantiene parado desde hace un año y medio. José Calderón se retiró y Álex Abrines regresó a Europa, por lo que el número de jugadores de España se ha ido reduciendo en la liga norteamericana. Pese a contar ya sólo con cinco en liza, serán solo tres los que estén en la burbuja de Florida.

Los hermanos Hernangómez ya acabaron su participación al no ser sus equipos incluidos en los 22 que reanudarán la NBA. Juancho, traspasado a los Timberwolves, y Willy, que siguió su carrera en los Hornets, tendrán que ver esta fase desde casa.

Ricky Rubio jugará con los Suns tras superar el coronavirus. Su equipo es el que menos opciones tiene de entrar en la postemporada, ya que tiene que remontar las seis victorias que le sacan los Grizzlies, el equipo que marca el corte, en sólo ocho partidos de fase regular. Pese a que tiene difícil regresar a unos ‘playoffs’ que saboreó con los Jazz el año pasado, el base de El Masnou es uno de los activos importantes de su escuadra y ha demostrado en los amistosos (con un 22+4+4+4 ante los Raptors) que está en un buen punto de forma. Y en ese otro equipo, en Toronto, están los otros dos españoles que participan en la vuelta de la NBA: Marc Gasol y Serge Ibaka. Los interiores del equipo canadiense, donde además ejerce de asistente el seleccionador Sergio Scariolo, volverán a luchar por el Anillo, en este caso defendiendo el título que todavía está en su posesión. Ibaka ha sido uno de los mejores de los partidillos no oficiales disputados en Disney World y Gasol ha completado un sorprendente cambio físico durante el confinamiento.

Favoritos al título en la burbuja

Ausencias: sin Kyrie, Durant, Curry, Klay…

Como en todo, lo que falta es, muchas veces, más llamativo incluso que lo que no. Y aunque esa premisa, hasta cierto punto negativa, no se cumple en esta ocasión, hay una serie de ausencias en el complejo de Disney a las que el aficionado medio echará de menos. También algún equipo, ya que muchas de ellas son bajas que se han negado a viajar a Florida alegando diferentes motivos (lesiones, problemas familiares…), aunque hay otras que no han ido por no estar entre los 22 equipos que la NBA ha decidido incluir para esta parte final de una temporada histórica, para bien o para mal.

De la eterna ausencia de los Knicks, pasamos a una mucho más llamativa, la de los Warriors. Entre medias encontramos a todos los que se han negado a viajar a la burbuja, con Kevin Durant y Kyrie Irving, lesionados (o en vías de recuperación), a la cabeza. También bajas provenientes de la crisis generada por la muerte de George Floyd y que desató una ola de protestas imposible de frenar en Estados Unidos. Muchos motivos para unas ausencias que son obligatoriamente más vistosas que otros años, principalmente por la situación inédita a la que la competición norteamericana (y la totalidad del planeta) se han tenido que enfrentar.

La lucha por la justicia social

Si hay algo que va a marcar la reanudación de la NBA, más allá del coronavirus, es la muerte de George Floyd. Fallecido el 25 de mayo cuando un agente policial colocó su rodilla sobre el cuello durante un arresto, su muerte ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los problemas más graves a los que se sigue enfrentando Estados Unidos: el racismo. Como ya ha pasado en otras ocasiones, la reacción por el país (y otras partes del mundo) provocó una oleada de protestas en las que hubo una participación activa del sector baloncestístico, incluso con voces alzándose para pedir la cancelación de una temporada que, en esas fechas, ya se sabía que se iba a reanudar.

La frase “I can’t breathe” ha vuelto a resonar en Estados Unidos casi seis años después de que Eric Garner fuera asesinado, también por un policía. Y las multitudinarias manifestaciones, mezcladas con la crisis que vivió el país por culpa del coronavirus, las altísimas cifras de contagiados provenientes de un confinamiento que ha distado poco de ser duradero y las críticas a Donald Trump, han resonado por todo el país, que tiene la vista puesta en las elecciones del próximo mes de noviembre. La situación política y social se trasladó también a una NBA que tiene un alto porcentaje de personas racializadas y que, con Jaylen Brown a la cabeza, han participado en las marchas que se han organizado en todo el territorio norteamericano.

El mundo de la NBA ha estado siempre en esta lucha y no queda lejos la polémica de Donald Sterling, bien resuelta por el magnético discurso de un Adam Silver que se ha enfrentado a su mayor desafío este año. Antes de eso, el baloncesto se consideraba un deporte de negros, una frase (de Larry Bird) tan mítica como muchas otras, que sirve para dar un toque cómico a una situación que para nada lo es. Dentro de la propia competición se siguen rompiendo barreras, pero parece que todavía no se termina de superar un problema que Estados Unidos sufre como país y que dentro de la propia Liga tiene una respuesta social enorme. Eso sí, si hace 60 años a Bill Russell, uno de los jugadores con mayor compromiso social de siempre, le hicieron la vida imposible al mudarse a Reading, un pueblo blanco de ascendencia católico-irlandés, a LeBron le pasó en 2017, cuando unos insultos racistas aparecían en su mansión de Los Ángeles un día antes de disputar el primer partido de las Finales ante los Warriors. El problema sigue ahí, no cabe duda.

Una vez más, la respuesta ha sido prácticamente unánime por parte de las franquicias, directiva de la competición y, por supuesto, jugadores. Prácticamente, porque James Dolan, amigo personal de Donald Trump, ha demostrado que su capacidad para dirigir los Knicks es directamente proporcional a la de estar a la altura de una situación que toca muy de cerca a una parte muy grande de los jugadores, indignándose los suyos propios ante la falta de reacción de su dueño. Al margen de este caso aislado, la generalidad a la hora de gestionar la situación ha sido unidireccional, con divisiones, eso sí, ante qué decisión tomar respecto a lo que estaba (y está) pasando. Algunos baloncestistas han alegado este motivo para ausentarse de la burbuja de Orlando, como Avery Bradley, que lo tuvo más claro que su compañero Dwight Howard, que dudó hasta el último instante y finalmente sí acudirá.

Como respuesta a lo sucedido, la NBA ha accedido a que los jugadores luzcan lemas a la espalda con mensajes reivindicativos que encabezará un “Black Lives Matters” más presente que nunca en Estados Unidos. “I Can’t Breathe” (No puedo respirar), “Stand Up” (Levántate), “Listen to Us” (Escúchanos), “How Many More” (Cuántos más), “Education Reform” (Reforma educativa) o “Freedom” (Libertad) serán algunas de las frases que los jugadores llevarán a la espalda, aunque otros como LeBron James y Anthony Davis han optado por vestir sus camisetas adicionales. El apoyo económico a causas benéficas o las voces afirmando que donarán el sueldo que cobren en la burbuja para luchar por la causa, son solo algunas de las medidas que se tomarán en una reanudación marcada por el coronavirus, sí, pero también por todo esto.

Además, la NBA ha decidido no sancionar protestas durante el himno nacional. Los jugadores se plantean imitar el gesto del jugador de fútbol americano Colin Kaepernick, que lideró a los San Francisco Sixers a la victoria de la SuperBowl en 2012 con tan solo 24 años, pero fue denostado por el resto de equipos tras protestar durante el himno como protesta a la situación racial que vive el país. Con 29 años, Kaepernick está sin equipo y la NBA quiere evitar que se vivan sanciones similares con sus jugadores, que a buen seguro mostrarán su descontento ante la situación que vive el país, no solo en los lemas, sino también con diferentes tipos de protestas.

«Soy una persona blanca y me avergüenza lo que está sucediendo. Jamás pensé que vería esto con mis propios ojos. La única razón por la que esté país ha ido progresando es por el esfuerzo y la paciencia de la gente de raza negra«. Las palabras de Gregg Popovich, uno de los máximos detractores de Trump y una de las personas que más ha hablado sobre este tema, fueron algunas de las muchas que se alzaron para pedir la erradicación del racismo en un país cuya comunidad negra representa al 13% de la población. Y con ese porcentaje, desde el 1 de enero de 2015, han sufrido disparos de la policía 1.252 afroamericanos, más del doble que la cantidad de blancos. Y esto, sin incluir muertos en custodia policial, asfixia, atropellos… Las manifestaciones acabaron con 4.000 detenciones y varios muertos, y un asalto a la Casa Blanca obligó a encerrar a Trump en su búnker.

La NBA se enfrenta al más difícil todavía. Ha estado a la altura en todo momento, y deberá seguir estándolo en una temporada marcada por una pandemia mundial, las muertes de David Stern o Jerry Sloan y, sobre todo, de Kobe Bryant. Pero también por la de George Floyd y todo lo que ha significado, incluido el poner en evidencia (una vez más) que hay un problema como el racismo que está todavía lejos de resolverse en un país en el que debería haberse dados pasos más grandes mucho antes. Como dijo LeBron hace unos días, “no podéis entender lo que supone ser negro en Estados Unidos”. Y con eso, está dicho todo. 

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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