Herro: de amenazas de muerte al «yo soy una canasta andante»

Mañana lo machacaremos para que no se venga muy arriba”, dijo Erik Spoelstra de Tyler Herro después del (seguramente crucial: veremos) cuarto partido de la final de la Conferencia Este. Goran Dragic (que tiene 34) bromeaba así cuando le preguntaron por la edad del escolta novato: “Bueno, es que en realidad no me creo que tenga 20 años”. Y Jimmy Butler, mientras Dwyane Wade se deshacía en elogios hacia Herro en Twitter, recordaba a los veteranos de los Bulls (Derrick Rose, Joakim Noah, Luol Deng, Carlos Boozer…) que le ayudaron cuando llegó a la NBA como él está intentando ayudar ahora a los jóvenes de unos Heat que están, nadie contaba con ellos tan lejos al principio de temporada, a una victoria de jugar sus primeras Finales de la NBA desde 2014, cuando se marcó LeBron James.

Tiene 20 años, parece que tiene 16 y juega como si tuviera 35”, decía tras el partido Dan Wetzel, columnista de Yahoo Sports. Herro, en el choque que podía inclinar claramente la final del Este a favor de su equipo, anotó 37 puntos con 6 rebotes, 3 asistencias, solo una pérdida, un 14/21 total en tiros, un 5/10 en triples y un 4/4 en tiros libres. Estos son algunos de los registros que alcanzó en su gran noche: primer rookie desde Chuck Person en 1987 con más de 35 puntos y 5 rebotes en un partido de playoffs; máxima anotación de un rookie en finales de Conferencia (hasta hoy eran los 35 puntos de Andrew Toney en 1981), segundo más joven (20 años y 247 días) en anotar 35 puntos en playoffs (por los 20 años y 196 días de Derrick Rose), primer rookie desde Toney en 1981 con dos partidos seguidos de al menos 20 puntos en finales de Conferencia, único rookie junto a Donovan Mitchell con 35 puntos y 5 triples en un partido de playoffs, segunda máxima anotación en playoffs con menos de 21 años (42 de Magic Johnson) y primer jugador de 1976 que arranca su carrera en playoffs con al menos 10 puntos en sus 13 primeros partidos. Solo lo han logrado, por cierto, Alvan Adams en aquel 1976 y el legendario Elgin Baylor en 1959.

A un solo paso de ser jugador de los Celtics

Herro, Segundo Quinteto Rookie en su primera temporada NBA, solo jugó un año en Kentucky, en el que promedió 14 puntos y 4,5 rebotes. Los Heat le dieron el pick 13 del último draft, el penúltimo la lotería (top 14, los lottery picks) y él ha respondido con 13,5 puntos, 4,1 rebotes y 2,2 asistencias que son en playoffs 15, 5,7 y 4. Por ahora. Mucho más que un tirador, Herro es ya un excelente jugador total en ataque, mejor de lo que muchos creen cuando bota y crea para sus compañeros, capaz de sacar canastas casi de cualquier sitio. Y John Calipari, el técnico de Kentucky que tanto talento NBA ha amasado, reconoce que está en el top-10 de jugadores que ha entrenado si se habla solo del clutch time, el momento decisivo de los partidos igualados. Que pregunten a Boston Celtics.

Para los Celtics, de hecho, cada canasta de Herro (nacido en 2000) es un recordatorio de lo cerca que estuvieron de tener a un jugador del que estaban “enamorados” según la prensa de Boston, uno que provocó una verdadera bronca en el dispositivo de la franquicia en la noche del draft cuando fue elegido por los Heat con el número 13: los Celtics tenían el 14 a través de Sacramento Kings en un pick que perdió un desempate en la lotería con Hornets (12) y Heat (13). Así se quedaron sin Herro y acabaron con Romeo Langford. ¿Qué hacía Herro disponible en el 13? Suele decir Calipari que sus jugadores de Kentucky salen más debajo de lo que deberían. Y conviene recordar que, desde la factoría azul, solo en los últimos años Devin Booker ha sido número 13 (2015), Jamal Murray 7 (2016), Bam Adebayo 14 (2017), Shai Gilgeous-Alexander 11 (2018) y Herro 13 (2019).

Pat Riley, por cierto, fue jugador de esos Wildcats de Kentucky, que retiraron su número 42. Uno de los grandes popes de la NBA, al que Herro tembló cuando tuvo que estrechar la mano por primera vez, sabe lo que hace: Adebayo y Herro son dos éxitos, en la cola de los lottery picks, de los que transforman una franquicia para una década: este año cobran (respectivamente) 3,4 y 3,6 millones de dólares, con 240 jugadores mejor pagados en la Liga. Herro recibirá 3,8 la próxima temporada, 4 en la 2021-22, 5,7 en la 2022-23… la ganga inigualable de los contratos rookies cuando los reciben jugadores así de buenos.

Enemigo público número 1 en su instituto

Wade, la gran leyenda de los Heat que ya ha bendecido a esta increíble nueva camada (Herro, Adebayo, Nunn y Robinson bajo la supervisión de Butler y Dragic), nació en Chicago pero fue una estrella universitaria en Wisconsin, con Marquette. Herro nació en Milwaukee y era la gran promesa de los Badgers de Wisconsin hasta que en 2017 rompió su acuerdo y acabó en las manos de Calipari, que había ido a verlo jugar, y a charlar con él, en persona. Por entonces era la gran sensación del instituto Whitnall, que solo podía presumir de un quarterback que fue cortado seis veces sin debutar en la NFL, Joel Stave, y de una playmate del mes en un número de Playboy de 1980, Jeana Keough.

Esa decisión lo sometió, con 18 años, a una presión tremenda: pintadas en el jardín de su casa, lanzamiento de huevos a su porche o al camión quitanieves de su padre, amenazas de muerte que saltaron de las redes sociales a la vida real, aficionados que llenaban la grada en sus partidos con serpientes de peluche y posters de serpientes con su cara recortada y pegada. En su último año de instituto promedió 32,9 puntos, 7,4 rebotes, 3,6 asistencias y 3,3 robos. Se quedó, para muchos de forma inexplicable, fuera del McDonalds All American y era un cuatro estrellas y no cinco para los reclutadores de la NCAA, pero Calipari («si hay talento los ojeadores te encontrarán«, suele decirse) vio pronto lo que podía tener entre manos por mucho que se pensara que el escolta, de 1,96 y 88 kilos, podía sufrir para acabar siendo jugador NBA o que no cumplía el molde de one and done (jugador que solo pasa un año por College antes de ir al draft) que ya es rutina en Kentucky. En solo unas semanas de temporadas universitaria, Herro ya subía en los rankings y se posicionaba como selección de, como mínimo, primera ronda.

En un partido contra Arkansas gritó a un rival que le insultaba un ya famoso “I’m a bucket”, algo así como “soy una canasta andante”. En realidad lo es, y un jugador con estilo y sangre fría que se convierte en un chico tímido y muy poco hablador fuera de las pistas. Quienes lo conocen aseguran que ese trago en Wisconsin, lidiar con tanto odio y tantos insultos, le ayudó a convertirse en el ejecutor que es ahora en las canchas: “Juego mejor así, me gusta tener a la gente en contra. Tenga a quien tenga delante, creo que voy a acabar con él”. Otra vez: que le pregunten a los Celtics.

 

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