Pau por Marc Gasol: de fuente de burlas a ser un traspaso perfecto

El 1 de febrero de 2008 cambió, de repente, la historia del baloncesto español para siempre. Pau Gasol fue traspasado por Memphis Grizzlies a Los Angeles Lakers junto a una segunda ronda del draft de 2010 (acabó siendo Devin Ebanks) y a cambio de Kwame Brown, Javaris Crittenton, Aaron McKie, los derechos sobre Marc Gasol y dos rondas de draft: la primera de 2008 (los Grizzlies eligieron a Donte Green) y la primera de 2010 (Greivis Vasquez). Por entonces, el traspaso se consideró un absoluto robo de unos Lakers cuyo general manager, Mitch Kupchak, se apuntó uno de los grandes tantos de su trayectoria en los despachos: “Pau es un jugador de nivel all star que puede anotar y rebotear y que todavía es joven. Creemos que este movimiento nos hace más fuertes en el corto y en el largo plazo”. En aquel momento a muchos les costó dar crédito a la operación que los Lakers habían colado a los de Tennessee. Y ese traspaso fue de hecho tomado como ejemplo de saqueo y objeto de burla. A la cabeza un Gregg Popovich al que el rearme de los angelinos costó un notable precio en la lucha por la jerarquía del Oeste. Incluso cuando se le preguntó después si la extraordinaria evolución de Marc hacía más justo el trato, entornó los ojos y respondió un simple “por favor… por favor”.

Popovich pensaba en ese momento en ser campeón de la NBA y apenas miraba a la reconstrucción de Memphis Grizzlies. Sin embargo, ahora aquel traspaso que implicó a los dos Gasol se considera una operación perfecta para las dos partes, una que cambió incluso la forma de trabajar de la franquicias y, finalmente, una que recordó que el análisis cortoplacista no siempre es justo en estos casos. Y que, sobre todo, no siempre tiene que haber un perdedor en los traspasos.

El contexto y el momento ideal

Memphis Grizzlies vivió, a lomos de Pau Gasol (all star en 2006), un trienio de bonanza (2004-06) saldado con tres visitas a los playoffs sin ninguna victoria (4-0 ante Spurs, Suns y Mavericks). Después llegó una temporada de 22-60 (con Gasol perdiéndose los primeros 23 partidos por la lesión en el pie que sufrió en el Mundial de Japón) a la que siguió un triste 13-33 cuando se anunció el traspaso. El público de Memphis había vuelto la espalda a un ala-pívot español al que persiguió más que en cualquier otro momento ese sambenito de jugador blando en un entorno en el que se vivió con enorme frustración el regreso a las catacumbas de la NBA. El último partido de Pau Gasol con los Grizzlies (28 de enero) fue un muestrario de que el traspaso era la mejor vía para todas las partes: 84-103 en casa ante los Mavericks, 13 puntos y 5 rebotes para el de Sant Boi.

En paralelo, los Lakers vivían un repunte hasta cierto punto inesperado. A la final perdida en 2004 siguieron un año sin playoffs y dos con derrotas en primera ronda. Pero a aquel febrero llegaron 28-15 gracias a la reconducción de su relación con Kobe Bryant y a la explosión de Andrew Bynum, que sufrió una grave lesión de rodilla… precisamente ante Memphis Grizzlies. Meses antes Kobe había aceptado la especulación de un posible traspaso a unos Bulls que, más vasos comunicantes, también habían enredado en la situación de un Pau Gasol que acabó jugando en Chicago siete años después. Pau Gasol debutó con los Lakers en Newark, pista todavía de New Jersey Nets, con 24 puntos y 12 rebotes para un triunfo (90-105) que se enmarcaba en una racha de diez victorias que devolvía la sonrisa a Kobe Bryant, que había montado otro incendio público cuando, un año antes, los Lakers no enviaron a Bynum (con 19 años) a esos mismos Nets a cambio de Jason Kidd.

La vuelta a la gloria de los Lakers

Los Lakers siguieron creciendo y cerraron el curso 27-9 desde el traspaso y con un 57-25 total que les hizo líderes del Oeste y les puso de vuelta en la final de la NBA. Ese año cayeron en seis partidos ante los Celtics pero enlazaron otras dos finales, saldadas con dos anillos: 4-1 ante los Magic en 2009 y 4-3 ante los Celtics en 2010, con su primer séptimo partido ganado en una final al eterno rival del Atlántico. Gasol fue all star en 2009, 2010 y 2011 y rozó el nivel MVP en la final ante los Celtics (18,6 puntos, 11,6 rebotes, 3,7 asistencias y 2,6 tapones por partido). Y, como un año antes contra Dwigth Howard, se sacudió el estigma de blando en una pelea antológica contra los Garnett, Wallace y Perkins. Andrew Bynum jugó aquella final pero lo hizo muy mermado por, otra vez, unos problemas de rodilla finalmente fatales.

Así que es obvio que los Lakers obtuvieron lo que querían con el traspaso por mucho que no cuajara aquella elección que fue Devin Ebanks (tres años en Los Angeles sin pasar nunca de los 16,5 minutos y los 4 puntos de media por partido). De hecho, Pau Gasol podría haber sido una pieza esencial en la siguiente evolución de la franquicia de no haberse vetado su salida a Houston Rockets en la operación que iba a convertir a Chris Paul en base de los Lakers. Abortado por David Stern, como patrón improvisado de unos descabezados New Orleans Hornets, ese movimiento frustrado fue uno de los motores del caos disparatado que fue la franquicia en los siguientes años: seis seguidos sin playoffs, lo nunca visto, hasta la llegada de LeBron James y Anthony Davis y el regreso a la cima, el pasado mes de octubre en la burbuja de Florida. El anillo 17 de los angelinos.

Marc, un pilar en los mejores Grizzlies

Pero el verdadero análisis revisionista afecta, claro, a Memphis Grizzlies. Seguramente porque en su momento era casi imposible (más a ese lado del Atlántico) calcular el impacto que iba a tener sobre la historia de la franquicia Marc Gasol (número 48 del draft de 2007), que había sido campeón del mundo en 2006 y que, eso sí, cerraba ciclo ACB en Girona con una temporada monstruosa en la que fue MVP en once jornadas (16,1 puntos, 8,3 rebotes y 27,8 de valoración por partido). Desde entonces Marc ha sido tres veces all star, Mejor Defensor de la NBA (2013), integrante del Mejor Quinteto (2015) y, claro, campeón, ya en 2019 y tras ser enviado de Memphis a Toronto. Y es considerado, por consenso, uno de los mejores pívots puros de la Liga en la última década. Pruebas del idilio con Tennessee: 58 millones por cuatro años en 2011 y el histórico contrato de más de 110 millones por cinco campañas que firmó en el verano de 2015. Los Grizzlies de Marc estuvieron siete temporadas seguidas en playoffs (jugaron la final del Oeste en 2013) y cuatro por encima del 60% de victorias en Regular Season. Un impacto que era imposible evaluar, más si se tenían en cuenta al resto de piezas del traspaso de los Gasol:

Kwame Brown, uno de los peores números 1 de draft de siempre (2001), llevó a Memphis un buen contrato para ganar espacio salarial futuro (9,1 millones que expiraban aquel junio de 2008). Sólo jugó 204 minutos con los Grizzlies antes de irse en la siguiente temporada, y como agente libre, a Detroit Pistons.

-Javaris Crittenton había sido número 19 del draft de 2007 y jugó 35 partidos con los Grizzlies antes de salir con destino Washington (donde acabó poco después una maltraída carrera NBA) en un traspaso múltiple el 10 de diciembre de 2008. Ahora mismo cumple pena de 23 años de cárcel tras declararse culpable de asesinato.

-Aaron McKie era un veterano con 13 años de experiencia en la NBA que no había jugado aquella temporada en los Lakers y no lo hizo tampoco con unos Grizzlies que le cortaron el 9 de mayo de 2008.

-En cuanto a los rookies que salieron de las dos rondas de draft que recibieron los Grizzlies, Donte Greene fue traspasado en la misma noche del draft a Houston Rockets en una operación múltiple en la que los de Tennessee se hicieron con Darrell Arthur. Greivis Vasquez jugó 70 partidos con la franquicia y el 24 de diciembre de 2011 fue traspasado a New Orleans Hornets a cambio de Quincy Pondexter.

El éxito de los Grizzlies, enraizado en esta operación, acabó siendo indudable. Tras dos temporadas seguidas en 22-60, firmaron otra de 24-58. Era la primera con Marc (2008-09). En la siguiente llegaron a 40 triunfos y desde el inicio de la 2010-11 tuvieron un balance en Regular Season de 248-146, entre los cinco mejores de la NBA en ese lustro. Un éxito incuestionable y asentado en la estabilidad deportiva (con Mike Conley y Marc como referentes) y la creación de un estilo (el grit and grind) que comenzó con Lionel Hollins y siguió con Dave Joerger: defensa, juego duro y muy físico, mucha vieja escuela y máxima competitividad cada noche. El final del proyecto comenzó con la salida de Tony Allen y Zach Randolph y acabó con el adiós de Marc y Mike Conley. El pívot español fue traspasado en febrero de 2019 a Toronto Raptors, una franquicia que veía opciones de hacer algo grando (lo logró) con Kawhi Leonard como fugaz jugador franquicia. Los Grizzlies sa llevaron a CJ Miles, Jonas Valanciunas, Delon Wright y una segunda ronda de draft. Y Marc evitó el rumoreado traspaso a los menos competitivos Hornets y encajó como un guante en unos Raptors que fueron campeones apenas cuatro meses después.

Después de proclamarse campeón de la NBA, Marc ganó el Mundial como España tras acogerse a la player option de su último año de contrato. Siguió en Toronto a cambio de 25,5 millones de dólares y este otoño, por fin como agente libre, decidió cerrar el círculo de los Gasol: firmó por dos temporadas en los Lakers, el equipo que lo drafteó y lo envió a Memphis en la operación por Pau. Y busca allí, junto a LeBron y Davis, su segundo anillo, los mismo que ganó su hermano… también con la franquicia angelina y después de un traspaso que pasó de objeto de burlas a operación perfecta. Así es la NBA.

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