«Jamás había gritado así», LeBron y los Lakers, ante el abismo

La mañana (12:30) de sábado en el Staples Center, matinal contra Atlanta Hawks, sonaba extraña y se torció nada más arrancar el segundo cuarto. Solomon Hill se lanzó contra la pierna de LeBron James peleando por la posesión y el tobillo de este se dobló hacia dentro.

Ahí, en ese instante, la temporada de los Lakers quedó en suspenso. Restaban 10:50 para el descanso de un partido más, LeBron trató de volver, anotó un triple y, menos de un minuto de juego real (-10:04) se tuvo que marchar. Había intentado defender pero el dolor le obligó a parar definitivamente. Antes, y sin apoyar ya la pierna derecha, anotó un triple con el que se puso en 10 puntos. Tiene su aquel: con ese tiro, ya lesionado, mantuvo su racha de partidos consecutivos anotando en dobles dígitos, ahora en unos increíbles 1.036.

Camino del vestuario, LeBron tiró una silla mientras Rob Pelinka y Anthony Davis iban a reunirse con él y se ponían en marchas los rayos X y la resonancia. El panorama era ominoso para James y los Lakers. Kuzma asegura que estaban afectados: “Nunca habíamos visto a LeBron gritar así, nunca”. Frank Vogel mantenía una cara de póquer tras una derrota que no importó a nadie, la mente estaba en otra parte, y los nervios dejaron algunos recados, más o menos justos. Schröder aseguró que la acción de Hill había sido “innecesaria” y Harrell apuntó con un “eso no es una acción normal de baloncesto” al alero de los Hawks, que se defendió en Twitter: “Nunca faltaría al respeto a este juego sacando a un rival de un partido a propósito. Rezo por una rápida recuperación”. Markieff Morris se quejó del horario (“desde el principio parecía un partido trampa”) y del calendario, un asunto recurrente para el primer campeón que solo tiene, cosas de la pandemia y las exigencias económicas de la NBA y sus socios, 71 días entre la consecución de un título y el inicio de su defensa.

Con poca recuperación, con un alto coste físico y mental, y un calendario brutal que apenas deja espacio ni siquiera para entrenar, los Lakers afrontaban una temporada compleja en la que, cada uno puede pensar hasta qué punto afecta esa exigencia, están ahora sin Anthony Davis y LeBron James. El primero flirteó con problemas serios en el tendón de Aquiles hasta que tuvo que parar. Lleva 15 partidos sin jugar y será reevaluado a finales de la semana que comienza mañana. Su regreso podría no estar todavía cerca. El diagnóstico de LeBron es más complicado, si bien el alero (baja indefinida hasta nueva orden, eso sí) ha viajado con el equipo a Phoenix, donde hoy juega sin tiempo para lamerse las heridas: “lo que más me duele es no estar ahí para mis compañeros. La recuperación empieza ya, pronto estaré de vuelta como si no me hubiera ido”. El ánimo había mejorado, los rayos X no enseñaron daños estructurales y el diagnóstico acabó en un tipo de esguince de tobillo que, eso sí, no es leve.

El tiempo de baja depende de muchos factores, como hasta qué punto ha quedado contusionado el hueso. LeBron solo se ha perdido más de diez partidos seguidos dos veces en toda su carrera, un dato asombroso, pero su primera temporada en los Lakers acabó en desastre (fuera de playoffs) por una lesión de ingle en Navidad. Sus tobillos, eso sí, son material de leyenda y uno de los motivos por los que LeBron juega prácticamente siempre, sin parar. Lo aguantan todo. Jeff Stotts, uno de los más precisos analistas de lesiones en la NBA, ha rastreado hasta ocho problemas de tobillo de LeBron a lo largo de su carrera. Le han hecho perderse, en total, solo tres partidos. Otro dato increíble. Pero esta vez es distinto, sobre todo porque la torsión fue hacia dentro, no hacia fuera como suele ser normal. El tiempo mínimo de baja es de dos semanas pero podría extenderse hasta seis… o más allá. Es difícil saber: Klay Thompson, en una demostración increíble de resistencia, jugó las Finales de 2018 con una lesión similar, muy tocado pero sin perderse ni un partido tras el impacto de JR Smith contra sus piernas. Stotts ha analizado todas las lesiones similares en las últimas siete temporadas y ha establecido un promedio de baja de unos diez partidos.

Así que como mínimo, serán dos semanas para los Lakers sin LeBron y seguramente sin Davis. Ahora mismo, cualquier cuenta pasa por tener a ambos a pleno rendimiento cuando lleguen los playoffs. Quedan menos de ocho semanas para que los Lakers cierren, el 16 de mayo, la Regular Season. Y unas nueve para el inicio de las eliminatorias. El objetivo es llegar con salud y, por lo tanto, las opciones intactas. Pero las cartas se han barajado en el Oeste con esta lesión. Los Lakers, en un excelente momento tras el parón del All Star, estaban a dos partidos y medio de los Jazz, líderes de la Liga, pero con solo dos y medios sobre Nuggets y Blazers, quinto y sexto de la Conferencia. El séptimo, los Spurs, está a cuatro partidos y medio, el primer puesto que obliga a jugar play in. Cuánto caerán los Lakers es ahora un asunto clave, ya que parece lo lógico que pierdan el factor cancha en todos los playoffs. Ir más allá del quinto puesto les enviaría, además, a un posible cruce con equipos como Jazz, Suns o Clippers ya en primera ronda. Durísimo… para ambas partes. Para esos aspirantes del Oeste sería una pesadilla amasar uno de los primeros puestos de la Conferencia y encontrarse en primera ronda a unos Lakers sanos y con LeBron y Davis a toda máquina.

Los Lakers están, para colmo, en un tramo muy duro del calendario. El de los Hawks era el segundo partido de un tramo de siete en once días. Por delante aparecen Suns, Sixers y Bucks entre algún partido en el que pueden pescar, algo que ahora tendrán que hacer dónde y cómo puedan, Pelicans, Cavaliers, Magic… la situación puede ponerse muy tensa si las derrotas se apilan. Ahora el equipo está 28-14, un panorama excelente dada la baja ya de larga duración de Davis y los problemas con el COVID y los protocolos sanitarios de Schröder, Caruso y un Marc Gasol que no juega desde el 28 de febrero y está ahora a punto de regresar. Pero cualquier partido va a ser una montaña difícil de escalar, sea el que sea el rival. La estructura de plantilla de los Lakers está pensada para acompañar a LeBron y Davis, no para jugar sin ellos. Otros equipos aguantan mejor las bajas de sus estrellas… pero tienen menos valor diferencial con toda la rotación a pleno rendimiento. Es cuestión de diseño, y los Lakers entran ahora en el más puro formato de supervivencia.

El jueves se cierra el mercado. Los Lakers tienen muy poco margen más allá de esperar algún buyout jugoso (quieren a Andre Drummond, estarían atentos a una aparición de Otto Porter en ese mercado…), algo a lo que también pueden afectar las malas noticias: muchos de los veteranos que son cortados eligen un aspirante para ir a por el anillo, y si lo que se sabe de LeBron y Davis en los próximos días no es halagüeño o es simplemente confuso… vía traspaso, las opciones son mínimas. Los Lakers solo pueden sumar 1,7 millones de salarios, que podrían convertir en unos 6 sin hacer nada traumático metiendo a McKinnie y Wes Matthews en un pack para el que tampoco tienen mucho capital de draft: la primera ronda de 2027 es la única a la vista y la de 2023 es la primera segunda con la que pueden jugar. Eso se resolverá en los próximos días aunque todas las cuentas, todos los planteamientos, pasan sencillamente porque LeBron y Davis vuelvan al 100% cuando llegue la hora de la verdad. Si no, el campeón tendrá que asumir que este ha sido un curso negro.

 

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