Trae Young no se rinde

Después de que los Suns barrieran a los Nuggets 4-0, la siguiente eliminatoria de semifinales que podía encarar su recta final era este Sixers-Hawks, con 2-1 para los de Filadelfia después de ganar los dos últimos partidos, incluido el primero en Atlanta, y dando la sensación de tener la serie donde querían después del tropezón del primer día en casa. Eso es lo que parecía antes de comenzar el partido y también al final del segundo cuarto, cuando lograron su mayor ventaja del encuentro (42-60). Pero esto no son matemáticas y aquí echar cuentas antes de tiempo muchas veces sale mal.

«Hemos dejado de pasar y nos hemos dedicado a hacer la guerra por nuestra cuenta cada uno», explicaba después del encuentro Doc Rivers sobre la segunda parte de su equipo. Desde luego, algo cambió tras el descanso, porque ese +18 se había esfumado tras la primera canasta de los Hawks en el último cuarto (83-82), un triple de Bogdanovic. El serbio fue el perfecto actor de reparto de Trae Young, el verdadero protagonista de la película. Aunque en anotación fuese un trabajo coral (John Collins 14, Clint Capella 12, Kevin Huerter 10, el banquillo otros 20…), el base fue el alma de la remontada y, una vez conseguida ésta, del triunfo. Y eso que la cosa no empezó bien. En el calentamiento previo notó problemas en el hombro derecho, cada vez que se sentó en el banquillo le aplicaban calor en la zona y su inicio de partido fue de todo menos esperanzador: 0/5 en tiros y molestias evidentes en la movilidad del brazo.

El base, sin embargo, se rehízo como los grandes. Como esos jugadores a los que empieza a parecerse cada vez más. Aunque acabara con un 8/26, iba a meter el tiro que les iba a poner por delante definitivamente (99-98 a 1:17 del final, después ampliaría la renta a tres puntos con dos tiros libres), pero sobre todo iba a repartir 18 asistencias, una marca con la que iguala el tope de su carrera. Pero la cifra lleva consigo más cosas. Ya es el jugador más joven de la historia en repartir tantos pases de canasta en un partido de playoffs (el anterior era Spud Webb, precisamente con los Hawks). Además, las 18 asistencias junto a los 25 puntos que metió forman una combinación que nadie había logrado en postemporada desde que lo hiciese Tim Hardaway en 1991.

Los Sixers ahora tienen con qué preocuparse. Joel Embiid está haciendo la goma físicamente hablando. Esta noche se notó perfectamente. En el segundo cuarto se fue al vestuario con problemas en la rodilla y en la segunda mitad firmó un 0/12 en lanzamientos de campo. El camerunés, no se olvide, está juntado con un cartílago de su rodilla roto. Y no hace falta recordar el historial que tiene con esa articulación. «Supongo que ya lo sabéis. No hace falta que lo vuelva a explicar. Simplemente estoy tratando de hacer las cosas lo mejor que puedo», contaba Embiid a la prensa sobre su marcha al vestuario, confirmando que fue la rodilla la que causó su ausencia y su posterior desempeño. Ahora tiene dos días, como todo el equipo, para recuperarse física y espiritualmente. La serie vuelve mañana a Filadelfia y el momento parece haber cambiado por completo. Pero ya se sabe, no hagan muchas cuentas.

Sección NBA | Baloncesto | Diario AS

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